Punto de vista de Avery
Luché por zafar mi mano de los dedos de Alfa Gideon, pero él me sujetaba con fuerza.
—Así que ese es tu juego —me miró evaluándome por un largo momento—. Admito que no creí que tuvieras lo necesario para intentar seducirme con juegos insignificantes. Qué infantil.
De repente, me soltó y se inclinó sobre la cama para levantar la escandalosa prenda. Inclinó la cabeza hacia mí con una ceja levantada.
—¿Esto es lo que crees que quiero de ti? —se rio entre dientes—. Ahorra tus esfuerzos. No me aparearé contigo.
Aún riendo, arrojó la lencería de vuelta sobre la cama y salió por la puerta sin mirar atrás.
Y luego se fue.
Sentí como si toda mi sangre hubiera migrado a mis mejillas. Caminé hacia la puerta y, de forma infantil, la cerré de un portazo tras él. Me hizo sentir un poco mejor.
—Bueno, e

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