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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 35

Anastasia.

Retrocedí unos pasos ante la confesión del chico, y juro que estaba por entrar en una crisis.

Primero, había buscado a un hombre imposible de presentar a mis padres, y segundo, aunque la culpa no era del chico, tenía un hijo, y eso jamás lo aceptarían.

Sentí como si mi cuerpo se llenara de sudor frío, y tuve que sentarme en el sofá de atrás para intentar procesar, pero no, necesitaba aire.

—Señorita Ivanova… el jefe…

—Suéltame… —intenté zafarme de Luka cuando insistió.

—No puedo dejarla ir… por favor, espere…

—¡No… déjame…! —estaba intentando llegar al ascensor en medio de mi crisis, cuando las puertas se abrieron, y el rostro de Alexey apareció en el instante.

—Suéltala… —las manos de Luka me soltaron y yo di dos pasos hacia atrás cuando él salió del ascensor.

Su perfume y su aroma me dijo que acababa de bañarse, lo había extrañado a mares, y me dolía la piel de no abrazarlo.

—Señor… Damien está en la oficina… no sé cómo llegó aquí… —Alexey frunció el ceño, y luego asintió.

—¿De verdad no sabes? Déjalo… iremos con él…

—¡Estás loco! —fue lo primero que expresé, y obtuve la mirada de Alexey.

—También te extrañé, bebé…

Negué todo el tiempo y me giré para saber si había personal cerca, pero la planta estaba sola.

—¿Cómo puedes ocultar a un hijo? ¿Por qué no me lo dijiste? Nadie sabe que tienes un hijo… y lo ocultas… yo… yo pude elegir si meterme en esto o no… yo…

Alexey miró a Luka y esté negó.

—Es lo que le dijo Damien… —Luka le respondió a su mirada interrogativa.

Entonces mi ceño se frunció, aún tenía la respiración agitada cuando su mano tomó la mía.

—Vamos a la oficina…

—¡No…! ¡Déjame! —me solté enseguida—. Te lo dije… no abras mis ojos, y sé que este chico no tiene la culpa… pero ¿Por qué no me lo dijiste? Hay una mujer ahora detrás de esto, aun cuando fue tu pasado… ¡¿cómo puedes ocultar a tu hijo?!

Hubo un silencio corto y luego escuché cómo alguien soltó una risa burlesca, entonces al girarme de inmediato, observé al mismo chico delante de nosotros.

Su risa era igual de cruel a la de Alex, pero él parecía estar disfrutando de la escena.

—¿Qué hiciste? —Alexey le preguntó en tono duro, y él casi no podía hablar de la risa.

—¿Estás cogiendo con tu asistente financiera? De verdad que Sasha tiene razón, eres un puto…

De un momento a otro, y en dos pasos, todo se volvió un caos, la mano de Alexey fue al cuello del chico y lo levantó estrellándolo con la pared.

Y no cabía en mi entender que tratara así a su propio hijo.

¿Además? ¿Quién era Sasha? ¿Su madre? ¿Y por qué no la llamaba, mamá?

Mi cabeza dio vueltas todo el tiempo, pero volví en sí cuando ese chico comenzó a patalear, y tuve que intervenir.

—¡Lo matarás! ¡Déjalo! —Alexey lo soltó mientras él cayó como un saco de papás en suelo.

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