Anastasia.
Me alejé corriendo del caos y los horrores que presencié, tratando de poner distancia entre mí y la brutalidad que había evidenciado y de los que ya era parte. Mis pies tropezaban y mi respiración era entrecortada, pero no me detuve hasta que me encontré en un callejón oscuro y apartado.
Allí, me dejé caer al suelo, abrazando mis rodillas y tratando de encontrar algo de paz en medio de la confusión y el miedo. Las imágenes de lo ocurrido seguían atormentándome, y mi mente luchaba por asimilar la brutalidad y sobre todo la naturalidad de sus manos… quitando la vida.
—Dios… no… —una sombra se acercó a mí lentamente. Era Alexey, con su rostro marcado por la violencia, pero con una mirada llena de preocupación.
—Ana… —negué arrastrándome para atrás.
—No… por favor…
Sus manos me alzaron de una estocada y luego me pegó a la pared acariciando mi rostro, mientras el olor a sangre se metía en mis fosas.
—Mírame… —él me obligó a abrir los ojos—. Esto es lo que soy… un asesino…
Mi boca se frunció haciendo un puchero.
—No veo… no veo eso en ti, Ale… —su mandíbula se apretó.
—Es lo que soy… y ellos debían morir… Me enviaron un mensaje y yo lo respondí de inmediato.
Negué varias veces, mientras una que otra lágrima se escurría en mi rostro.
—¿Quiénes?… —pregunté, pero la mirada de Alexey me hizo pensar en Sasha y en su amenaza. Mis ojos se abrieron de repente, y luego pensé en mi familia.
—Debo ir a casa… Irina… papá… mamá… —intenté apartarme de él, pero su fuerza me volvió a pegar a la pared.
—Esto lo arreglo yo…
—¿Vas…? ¿Vas a matarlas también? Siendo ella la única persona a quien a Damien le importa… —estaba por seguir cuando el teléfono de él volvió a sonar, y mirando la pantalla, suspiró.
—Vasíliev… lo sé, lamento que haya sucedido en la boda… de igual forma es una mierd@… y estaba limpiando a algunos… sí, estaremos allá en unos minutos…
Realmente no quería ir a alguna celebración, pero Sibel era mi amiga y no podía dejar de estar con ella a pesar de mi consternación.
Con la mente ida me subí a un auto aun mirando las manos de Alexey, mientras él hablaba rápidamente con Luka, sobre un tal “Luzhin”. Involucraba a Sasha con él, y el hombre del que hablaban parecía estar metido en la política rusa.
Unos minutos después estuvimos llegando a una mansión parecida a la de Alexey, y me di cuenta de que no estaba muy lejos de su residencia.
—¿Cómo te encuentras? —negué ante la pregunta de Sibel y luego miré en dirección de Alexey que parecía enfoscado cuando el señor Vasíliev le dio un trago.
—Vi… cuando…
—¿Por qué te quedaste?
Negué varias veces…
—No lo sé… creo que, necesitaba verlo…
Sibel apretó la mandíbula duramente, y luego susurró.
—Iván habló en el auto de esa chica… Sasha… —mis ojos se abrieron—. Parece que el hombre que está involucrado, es cercano a ella… querían enviar un mensaje a Alexey… de hecho ese tal Luzhin dejó un mensaje de que Alexey no podía amenazar a esa chica y meterse en su territorio político…
Mis labios temblaron un poco y luego pasé un trago.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA ASISTENTE DEL MAFIOSO