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LA ASISTENTE DEL MAFIOSO romance Capítulo 52

Anastasia.

Me sentí perdida mientras el auto avanzaba y recordaba las palabras de mi padre como si me castigaran una y otra vez. No solo él, la mirada decepcionada de mamá me tenía rota el alma, y por más de que intentaba reponerme, no podía evitar sentirme la peor persona de este mundo.

Era una mujer llena de inseguridades, había sido criada con muchas normas que habían puesto límites a mis pensamientos, estaba colmada de restricciones mentales, y aunque había pasado muchos obstáculos físicos, como entregarme a Alexey por amor, aún tenía mi mente atada a legalidades morales que me impedía desarrollarme por completo.

Me bajé del auto abrazando mi cuerpo, y luego hundí los botones del ascensor.

Me preguntaba si realmente todo esto valía la pena, y había algo en mí que me decía que mi alma estaba perdida.

Abrí la puerta entrando a la suite, y solo escuché una conversación muy acalorada.

Alexey estaba en el teléfono, y su aspecto de cierta forma me hizo detenerme en el camino, en medio del recibidor.

Él me miró directamente y esperé que finalizara la llamada. Había algo en su postura que me decía que su vida también era un caos.

—¿Estabas llorando? —preguntó enseguida guardando su teléfono.

Su forma de protección era muy explícita.

—Mi familia se ha enterado de todo… —su rostro no tuvo expresión alguna.

—¿Qué es todo?

—Qué trabajo para ti…

—¿Y…? Tú decidiste mentirles desde el principio… —Mis ojos se abrieron cuando sentí una daga en mi estómago.

—¿Estás metido en esto? —el rostro de Alexey palideció.

—¿Qué dices? —pero cerré mi boca, pude haberlo pensado en mi frustración, pero él no haría algo como esto.

—Olvídalo… mi padre no me quiere ver, y…

—¿Pensaste que yo fui el causante de esto? —él me preguntó de nuevo, mientras restregué mi rostro.

—Dimitri estuvo en mi casa… papá lo acorraló para que lo sepas de ante mano…

—Sé que estuvo en tu casa… —su confirmación fue pétrea, plana, incluso amenazante, y me agité enseguida.

—También sé que hablaste con él… y te digo Alexey, sácalo de tu lista. Dimitri le dijo a mi padre que no sabía de qué se trataba este titular, y me defendió todo el tiempo… no tuvo otra opción… así que…

—Detente… —su voz fue gruesa, ruda y un poco subida de tono.

Alexey se desajustó la camisa, y tomó el aliento como si se asfixiara, y después de unos segundos en silencio, me miró.

—Si deseo matar a alguien, lo hago cuando se me dé la put@ gana… y, aun así, todo este tiempo me he detenido por ti… el maldit* no me importa, y puedo imaginar que estás destruida porque tu padre no es más que un imbécil que solo desconfía de su propia hija…

—Alex…

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