Clara había pasado la tarde en su apartamento acomodando sus cosas. Recibió la llamada de Doña Elena justo después de bajar a la calle, mientras se dirigía a un bar de tapas cercano para picar algo rápido.
Lo último que esperaba era que el señor "Amo Mi Trabajo" regresara temprano para cenar hoy.
Al colgar el teléfono, se fue directo hacia La Finca.
Cuando llegó, vio al instante a Javier sentado en la mesa del comedor.
Evidentemente, había vuelto temprano para charlar de su tan esperado divorcio.
Con ese pensamiento en mente, Clara se sentó frente a él. Justo cuando Doña Elena estaba por acercarse para servir la cena, Clara le dijo: —Doña Elena, tenemos algo importante que discutir, no cenaremos ahora.
Doña Elena se quedó allí, sosteniendo la sartén con el platillo favorito de Clara, mirando algo desconcertada a Javier.
Javier le dio una mirada a Clara y luego, con un ligero asentimiento, le indicó a Doña Elena que se retirara a la cocina.
Una vez que quedaron solos, Clara fue directo al grano: —¿Vamos mañana a primera hora al Registro Civil?
A Javier se le notó la sorpresa en el rostro. Frunció el ceño y preguntó: —Le acabo de ceder a Sierras Corp el proyecto de la Costa Sur. ¿Aún no estás conforme?
Clara lo miró desconcertada. —¿De qué estás hablando?
Ella estaba hablando de divorcio y él, ¿saliendo con qué proyectos de qué?
—No puedo darles el proyecto de nuevas energías, pero te aseguro que Sierras Corp va a sacar bastantes ganancias con el proyecto de la Costa Sur.
—¿Qué me quieres decir con eso?
Clara se quedó paralizada unos segundos antes de que finalmente le cayera el veinte. —¿Entonces... tú crees que te estoy chantajeando con lo del divorcio para que le des ese proyecto a la empresa de mi papá?
Javier se quedó en silencio, sin apartar los ojos de ella.
No lo negó.
Clara se echó a reír por el coraje.
—Javier Pinos, si mal no recuerdo, cuando nos casamos te dejé muy claro que no era necesario que le dieras ningún trato preferencial a los Sierras. Que en temas de negocios, debías actuar de manera estrictamente profesional.
—Me tiene sin cuidado si Sierras Corp consigue o no algún proyecto.
Clara respiró hondo y reafirmó: —Me divorcio de ti porque ya no quiero seguir desperdiciando mi tiempo y mis emociones contigo.
Javier le clavó los ojos oscuros y profundos. —¿Incluso si eso significa que tras el divorcio, Sierras Corp dejará de recibir el respaldo de Grupo Pinos, seguirás adelante con el divorcio?
—Sí.
Clara sostuvo su mirada, respondiendo con firmeza y sin titubeos. —Sigo adelante con el divorcio.
Ya debe de estar de vuelta en su estudio, enfocado en el trabajo como de costumbre.
—¿Quiere que le sirva la cena a usted y, más tarde, le prepare algo al señor?
—Todavía no tengo hambre —negó Clara con la cabeza, hablándole suavemente—. No te preocupes por nosotros.
Luego se levantó y se dirigió a su habitación.
Doña Elena se quedó en el comedor mirando cómo se alejaba, dejando escapar un suspiro de resignación.
Era un verdadero milagro que la joven pareja se reuniera a cenar. ¿Por qué de repente estaban discutiendo de nuevo?
Cuando Doña Elena terminó de recoger la cocina y salió a la sala, sus ojos recayeron en la pequeña caja de regalo que Javier había dejado al entrar.
Rápidamente tomó el objeto y subió a tocar la puerta del estudio.
—Adelante.
Al escuchar la respuesta, Doña Elena empujó la puerta y vio a Javier, sentado detrás de su escritorio, apagar el extremo encendido de un cigarrillo en un cenicero.
Al notar la cantidad de colillas acumuladas, Doña Elena no pudo evitar echarle una mirada de asombro al hombre, cuya expresión estaba más sombría que nunca.

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