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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 126

C126- TÚ LO SALVASTE

La camioneta cruzó el desierto a toda velocidad, Zayd sostenía la mano de Ibrahim entre las suyas, pero la cabeza de Zayd no estaba ahí.

Estaba en el desierto del sur.

Años atrás.

En la camioneta volcada, en él abriendo los ojos esa oscuridad que entraba y salía y una voz que lo llamaba de vuelta cada vez que se iba.

Jade le había dicho que fue ella.

Se lo había dicho cuando él despertó en el hospital con la cabeza vendada, le había tomado la mano y le había dicho "fui yo, estuve contigo todo el tiempo, no te solté."

Y él le había creído.

No tenía razón para no creerle, porque no recordaba la cara, solo las manos y la voz.

Cerró los ojos.

Las manos que había visto hoy sobre la herida de su padre eran las mismas que había sentido sobre su sien años atrás, el mismo ritmo, la misma presión, la misma voz que lo sostenía y Jade se había atribuido eso.

Se había parado frente a él con los ojos llenos de lágrimas y se había quedado con algo que no era suyo. Con el momento en que Mariam le había salvado la vida, con el recuerdo que él había guardado durante años como la razón por la que Jade era distinta, por la que Jade merecía algo que otras mujeres no.

Todo construido sobre algo que nunca pasó.

«Ya rouhi, kinti hina da'iman wa ana lam araki.» (Alma mía, siempre estuviste ahí y yo no te vi.)

La camioneta dio un salto sobre una piedra y el movimiento hizo que Ibrahim apretara los dedos de Zayd, fue la única manera de que él saliera de sus pensamientos.

—Tranquilo, padre… tranquilo, Alá te protege.

Ibrahim le dio un asentimiento leve.

Entonces Zayd volvió a pensar en Mariam, en ella de pie en el desierto con las manos manchadas de sangre de un hombre que nunca la había tratado bien.

Sin pedir nada, sin esperar nada, como siempre.

«Habibati, kam min al-waqt ada'tu ba'idan 'anki.» (Amor mío, cuánto tiempo perdí lejos de ti.)

Le ardió algo en el pecho que no era culpa solamente, era peor que la culpa.

Era entender, de golpe y sin poder deshacerlo, que la mujer a la que le debía la vida era la misma mujer a la que le había dado la vida más difícil.

Y que ella, en ninguno de los dos momentos, le había cobrado nada.

(...)

El camino de vuelta al campamento lo hicieron en silencio.

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