Entrar Via

La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 119

—¿Tener aprendices? —Begoña soltó una risita leve—. Nunca me he puesto a pensar en eso.

—Profe, échele la mano y dígale algo bueno de mí —insistió Santiago, levantando la voz hasta que logró que Álvaro saliera de sus pensamientos.

—Bego, tanto Santiago como Aurora tienen muy buen nivel. Podrías considerarlo —comentó Álvaro, aunque se notaba que estaba distraído, con la cabeza en otro lado.

Begoña notó de inmediato la preocupación en Álvaro, seguramente por lo que le había pasado a Joaquín en el agua.

—Está bien, lo pensaré —accedió, tratando de calmar el ambiente.

De repente, Agustín, con los brazos cruzados y un aire de sabiondo, interrumpió:

—Ustedes sí que son raros. Mi mamá es ama de casa y no sabe hacer nada. Cuando va a trabajar nomás juega algo que se llama Buscaminas. Hasta yo puedo jugarlo —dijo, inflando el pecho, como si estuviera hablando muy en serio.

Joaquín se apresuró a revirar:

—¡La señora guapa también es increíble!

—Señora guapa, Joaquín también quiere que seas su maestra —agregó con entusiasmo.

—¡No se puede! Ella es mi mamá, no puede ser tu maestra, además, es mujer, las mujeres no pueden ser maestras —replicó Agustín, muy convencido de lo que decía.

Joaquín no se dejó y protestó de inmediato:

—¡Claro que sí! La señora guapa es increíble, quiero que sea mi maestra. ¿Quién dijo que sólo los hombres pueden ser maestros? Las mujeres también pueden —exclamó, desafiante.

El intercambio subió de tono y pronto ambos terminaron agarrándose a golpes, rodando y empujándose.

Begoña, atrapada entre los dos, recibió un par de golpes perdidos y optó por quedarse callada, resignada. Fue en ese momento cuando comprendió lo complicado que puede ser tener dos hijos y la eterna batalla por la atención de mamá.

Los tres adultos se miraron entre sí y, sin poder contenerse, estallaron en carcajadas.

...

Ya en la sala de emergencias, Agustín y Joaquín pasaron por una revisión completa.

Santiago, preocupado, los miraba mientras Begoña y Álvaro se dirigían al patio central.

Pero Begoña captó el titubeo en su mirada, esa pequeña duda que delataba que sí había algo que ella debía saber. Álvaro cambió de tema a propósito, ocultando la verdad.

Begoña se quedó callada, pensativa, sospechando que todo ese misterio tenía que ver con la gente del laboratorio y los secretos que guardaban.

—Hermano, yo podría adoptar a Joaquín, ser su mamá adoptiva —propuso Begoña, con voz firme.

En ese momento, Mariano llegó al hospital y los vio sentados juntos en la banca del jardín, platicando y sonriendo. Escuchó justo cuando Begoña sugería adoptar a Joaquín y convertirse en su mamá.

En su mente, la imagen era clara: Begoña, la mamá de Joaquín; Álvaro, el papá. Esa idea le encendió una rabia que no podía contener, como si le hubieran prendido fuego por dentro.

—Pero, en unos días tengo que irme, no podré estar mucho tiempo con Joaquín —dijo Begoña con pesar—. No quiero darle esperanzas y luego romperle el corazón, podría estar aún más triste.

Mariano, con el entrecejo marcado y los ojos llenos de dudas, pensó: ¿Qué clase de relación tienen ellos? ¿Por qué Begoña le dice hermano mayor a Álvaro? ¿Y a dónde tiene que irse en unos días?

Sin decir palabra, Mariano avanzó hasta quedar frente a ellos. Sacó una foto antigua y descolorida del bolsillo y la puso frente a Begoña.

—Mira, amor, ¿te acuerdas de esto? Encontré esta foto tuya con el profe Álvaro, y detrás hasta le escribiste unas palabras.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Desaparición de la Esposa Hacker