No supo cuánto tiempo pasó.
Cuando Paulina finalmente apartó la vista y se dispuso a comer algo mientras revisaba su celular, un joven se le acercó.
—Hola, disculpa, ¿me podrías dar tu número?
Paulina levantó la vista y respondió con frialdad:
—Lo siento, no puedo.
El hombre se sorprendió un poco.
—¿Es porque ya tienes novio?
Paulina no tenía ganas de dar explicaciones.
Frunció el ceño y, justo cuando iba a rechazarlo de nuevo, Armando y Josefina regresaron.
—¡Mamá! —exclamó Josefina, corriendo hacia ella.
—Hola, cariño —respondió Paulina.
El joven vio cómo Josefina llamaba "mamá" a Paulina y se lanzaba a sus brazos. Luego, su mirada se posó en Armando.
El aspecto de Armando era extraordinario, y su porte, distinguido. Era obvio que no era una persona cualquiera.
Además, el parecido entre Josefina y él era innegable…
El joven comprendió la situación al instante, murmuró un "disculpa" y se fue rápidamente.
Josefina miró a Paulina, confundida.
—Mamá, ¿quién era ese señor?
—Alguien que no conozco.
—Ah, bueno.
Armando observó la escena en silencio. Después de guardar el papalote, preguntó:
—¿Comemos un guisado al rato?
La pregunta, por supuesto, iba dirigida a Paulina.
—Me parece bien —respondió ella con indiferencia.
Los ingredientes para el guisado ya habían sido preparados de antemano.
Cocinarlos ellos mismos no sería complicado.
Durante la comida, fue principalmente Armando quien se encargó de atender a Josefina.
—¿No vas a dormir un poco?
Antes de que ella pudiera responder, él añadió:
—Descansa un rato.
Dicho esto, se levantó y salió de la tienda, dejándole el espacio libre, y se sentó bajo una sombrilla.
Paulina se quedó de pie, mirando a Armando. Él también la miró y, antes de que ella pudiera decir nada, él habló de nuevo:
—Quédate con ella. Si se despierta y no te ve, se va a poner muy triste.
Paulina se quedó perpleja.
No había dicho una sola palabra, y él ya había adivinado exactamente lo que estaba pensando.
Justo en ese momento, escuchó a Josefina murmurar "mamá" entre sueños.
Paulina se sobresaltó. Antes de que pudiera reaccionar, Josefina abrió los ojos.
Era evidente que no estaba del todo despierta. Al verla, extendió los brazos hacia ella con los ojos todavía nublados por el sueño y le pidió que la abrazara.
—Mamá, duerme conmigo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Super narcisista la Mercy, dios q me sacan y ese Orlando peor q un perro faldero...
Muy buena novela...
Muy emocionante, aunque Armando no se a que juega otra vez con Mercedes...