Sin embargo, en cuanto llegaron a la villa submarina, a Josefina se le espantó el sueño de pura emoción.
Después de bañarse, se acostó en la cama fascinada, viendo los bancos de peces nadando sobre su cabeza.
Probablemente pensando que no sería adecuado que durmieran juntos, Armando había pedido una suite familiar de lujo. En la habitación había dos camas grandes separadas.
Eso significaba que, aunque esa noche ella y Armando compartían techo, no compartían cama.
Paulina se bañó, se puso la pijama calientita que había traído y se sentó en la orilla de la cama donde estaba Josefina.
En ese momento, Armando salió del otro baño, ya duchado.
Se sentó en la otra cama.
Viendo lo feliz que estaba la niña, preguntó: —¿Tanto te gusta?
Josefina gritó: —¡Sí, me encanta!
Y diciendo esto, rodó hasta pegarse a Paulina: —Mamá, voy a dormir contigo.
—Está bien.
Al final, el cansancio le ganó a Josefina. Después de acurrucarse un rato con su mamá, se quedó dormida de lado.
Paulina la tapó bien con la cobija. Desde la otra cama, Armando volteó a verlas y dijo: —Descansa.
Paulina se detuvo un segundo antes de responder: —Igual tú. Descansa.
Se acostó a un lado de la niña. Un momento después, Armando apagó la luz y la habitación quedó en completo silencio.
***
Al día siguiente.
Cuando Paulina despertó, estaba sola en la habitación.
Tardó un rato en espabilarse por completo.
Cuando terminó de arreglarse y salió de la villa, se topó justo con Armando, que ya venía de regreso de jugar un rato con Josefina.
Armando la miró, sonrió y saludó primero: —Buenos días.
Paulina contestó un poco cortada: —...Buenos días.
Paulina fue honesta: —Ando fuera de la ciudad, de paseo. Para la otra.
—¿De paseo? —Al saber que no tenía tiempo, a Jaime no le importó, pero le dio curiosidad lo del viaje—: ¿A dónde fuiste? ¿Con tu familia? ¿Está padre el lugar?
—En una isla privada —dijo Paulina, y después de tomar un poco de sopa de mariscos, agregó—: Vine con Josefina y... con Armando. Y pues, el lugar... está normal.
Jaime alzó las cejas al escuchar eso: —¿Neta te fuiste con ellos? ¿Salieron hoy temprano?
—Salimos ayer en la mañana —aclaró Paulina.
Jaime captó la onda de inmediato. —O sea que... ¿pasaron la noche fuera todos juntos, con la niña?
Paulina soltó un «ajá» indiferente.
Jaime se imaginó la escena de ella y Armando jugando a la casita y preguntó: —¿Y qué tal? ¿Cómo te sientes?
Paulina respondió tranquila: —Pues nada, es solo acompañar a la niña. Digamos que cada quien en su rollo, no nos metemos con el otro. No se siente nada en especial.
Ella sentía que Armando pensaba igual.
Como padres, solo se habían juntado para cuidar a la niña y ya.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Super narcisista la Mercy, dios q me sacan y ese Orlando peor q un perro faldero...
Muy buena novela...
Muy emocionante, aunque Armando no se a que juega otra vez con Mercedes...