Aunque Reinaldo no dijo nada, por su expresión Mercedez ya había adivinado que Armando seguramente había hecho otras cosas por Paulina de las que ella no tenía idea.
La verdad, a Mercedez no le sorprendía.
De hecho, ya estaba mentalizada para eso.
Sin embargo, en ese momento, su corazón no estaba tan tranquilo como había planeado.
Aun así, no dejó que sus verdaderas emociones se notaran; mantuvo la sonrisa y le dijo a Reinaldo:
—Entiendo, gracias por avisarme.
Reinaldo observó su sonrisa y se quedó pasmado un instante.
Mercedez no dijo nada más y se marchó.
***
En un abrir y cerrar de ojos, llegó el domingo.
Desde que la abuela Romo se enfermó gravemente la última vez, la abuela Frias, considerando su estado de salud, le había estado enviando bastantes cosas valiosas.
Esa mañana, llegaron unos productos locales que los parientes y amigos de la abuela Romo le mandaron desde Ciudad Perdida. Al ver que Paulina estaba libre, la abuela le pidió que le llevara algunos a la abuela Frias.
Paulina llegó a la mansión, entró y no vio a la abuela Frias, pero sí a Armando y a Josefina Frias.
Armando estaba sentado en la sala leyendo un libro.
Josefina, al verla, corrió hacia ella con la cara iluminada de alegría.
—¡Mamá!
Paulina se agachó para abrazarla.
—¿Cuándo llegaron?
—Papá dijo que teníamos que acompañar más a la bisabuela, así que regresamos anoche.
Al escuchar esto, Paulina miró a Armando y asintió.
Armando dejó de leer y posó su mirada en madre e hija. Al ver que el mayordomo y varios empleados entraban con cajas, preguntó:
—¿Le trajiste todo eso a la abuela?
Paulina se sentó en el sofá y respondió con tono tranquilo:
—Son solo algunos productos típicos del pueblo.
—Mamá, ayer quería ir a buscarte, pero papá dijo que tenías cosas que hacer, por eso no fui.
Paulina soltó un "Ajá", y le acarició la cabeza para indicarle que entendía.
La abuela Frias también notaba que Josefina estaba más apegada a Paulina que antes.
Naturalmente, eso la hacía muy feliz por Paulina.
Ese mediodía, Paulina se quedó a comer en la mansión Frias.
Después de la comida, Paulina se quedó otro rato platicando con la abuela y luego planeó irse.
Pero Josefina no quería que se fuera y pidió salir a pasear con ella.
Paulina no pudo negarse y aceptó.
Josefina se puso contentísima; enseguida se cambió de ropa y bajó. Al jalar a Paulina hacia la salida, también le dijo a Armando:
—Papá, vámonos.
Antes de que Paulina pudiera reaccionar, Armando se levantó y dijo:
—Vamos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Que falta de respeto de la autora, solo redunda en lo mismo XD....
LO mismo con las mismas, una historia que solo es la repetición de la repetidora, solo le da hacia atrás y para Lante nada de nada. Y tan larga parece que va como para los 2.000 capitulo, si no es mas...
Y... volvemos otra vez al principio...
Da vuelta en lo mismo. Ya estoy aburrida con la trama....
Y seguimos con las mismas porquerías de capítulos.... NO AVANZA NADAAAAAAAA...
Otra semana más esperamdo nuevos capítulos, para leer pura porquería... Esta novela ya no sirve ni para papel Confort! Es de esperar que no finalice la novela con la tonta de Paulina perdonando al infeliz de Armando, quien se revuelca como quiere con su Amante ante los ojos de medio mundo.......
Autora muchas gracias por la novela pero dele algo de acción a la potra con todos los malos...
Estuve 3 meses sin leer esta historia porque avanza muy despacio y que decepción leer que la trama vuelve a la misma m......
Que mierda, esto lo último ya me rindo no puedo con esta historia de verdad que atraso de mierda...
esperar toda una semana para leer 6 capítulos con la misma porquería!!!! AUTORA no tienes un ápice de respeto por los lectores!!!!...