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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 167

Karina tenía sus dudas, pero al fin y al cabo, no era su asunto.

Si los demás no hablaban, ella no iba a indagar para no incomodarlos.

—Señora Karina, su hija despertó y está preguntando por usted.

Una enfermera del área de hospitalización de ortopedia del Hospital de la Santa Caridad vino a buscar a Karina.

Antes de irse, Karina le dijo a Ariel:

—Ya sé la verdad, no dejaré que sigan culpando a Melisa. Ya puedes irte.

—Tú... volverás a Residencial Las Ceibas, ¿verdad? —la detuvo Ariel.

—Claro que volveré —respondió Karina—. ¿A dónde más iría?

La sonrisa de Ariel se hizo más profunda.

—Bien, llámame cuando llegues.

—Sí, conduce con cuidado.

Karina se alejó del quiosco.

No había caminado mucho cuando percibió un olor a tabaco que le resultó familiar.

Miró a un lado y vio a Fabio, solo, bajo una farola, con un punto rojo incandescente entre los dedos.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero el suelo estaba cubierto de colillas.

Karina lo vio, pero su mirada pasó sobre él con la misma indiferencia con la que miraría la farola que tenía detrás.

Plana, como la superficie de un lago profundo.

No, peor que un lago profundo.

Al menos, la superficie de un lago se ondula con el viento.

Pero sus ojos ni siquiera se inmutaron al pasar sobre él.

«Qué curioso —pensó Fabio, molesto—, no era así cuando estaba con Ariel...».

Ese pensamiento resentido lo sorprendió a él mismo.

¿Desde cuándo se comportaba como un marido celoso y resentido?

Fabio apagó el cigarrillo, lo tiró a la basura y caminó hacia el edificio de hospitalización.

***

Cuando Caro despertó, el efecto de la anestesia aún no había desaparecido del todo.

Al ver su pie enyesado, pensó que se había roto el tobillo y que quedaría coja para siempre, y el miedo la hizo llorar desconsoladamente.

Selena le pidió a una enfermera que fuera a buscar a Karina.

Cuando se aseguró de que no había nadie más en la habitación, consoló a Caro un poco y luego le preguntó, intentando manipularla:

—¿Odias a Melisa?

Caro se secó las lágrimas y asintió sin dudar.

Desde que apareció Melisa, a los profesores y a los compañeros de la escuela ya no les caía bien.

Incluso su mamá quería más a Melisa que a ella.

La odiaba, la odiaba muchísimo.

—Ahora todos creen que Melisa te empujó y por eso te lastimaste —continuó Selena con voz suave—. Incluso tu mamá lo cree... Por eso ha venido a cuidarte. Quizá pronto deje de querer a Melisa...

Caro se alegró por un instante, pero luego frunció sus delicadas cejas.

—Pero no fue Melisa la que me empujó. De hecho, me agarró para que no me cayera...

—Claro, puedes decir la verdad —dijo Selena, con la misma dulzura—. Y entonces verás cómo tu mamá elogia a Melisa y la quiere todavía más... y los niños y los profesores también estarán siempre a su alrededor...

—No... no es cierto. ¡Fue Melisa! ¡Ella me empujó, fue ella!

Selena le acarició la cara a Caro y sonrió.

Karina le entregó su celular a Fabio.

—Míralo tú mismo.

Si la verdad salía de su boca, Fabio seguramente pensaría que estaba inventando mentiras para proteger a Melisa.

Era mejor que lo viera por sí mismo.

La gente suele creer lo que ve con sus propios ojos, no lo que oye con sus oídos.

El video duraba apenas dos minutos, pero dejaba claro el principio y el final de la historia.

Fue grabado por un dron inteligente de Andes Chip, sin cortes.

Melisa no había empujado a Caro. Al contrario, cuando Caro estaba a punto de caer, intentó sujetarla.

Pero Melisa, con solo cinco años y siendo tan delgada, no tuvo la fuerza para sostenerla.

Si no la soltaba, ambas habrían caído al agua.

Melisa la soltó, y Caro, al retroceder, pisó en falso, se le atascó el pie en una grieta y se fracturó...

Así que, fue el guardaespaldas quien mintió.

Fabio llamó al guardaespaldas y a Selena a un lado para interrogarlos.

Karina entró en la habitación para estar con Caro.

Caro aún no sabía que la verdad había salido a la luz.

Cuando Karina le preguntó sobre el incidente, ella, siguiendo el «amable consejo» de Selena, insistió en que Melisa la había tirado al agua.

Karina miró a Caro con decepción.

Esa expresión de miedo a que su mentira fuera descubierta, esa ira para disimular... ¡era realmente detestable!

¿Era esta la hija que había llevado en su vientre por más de nueve meses?

¡¿Cómo podía ser tan difícil de educar?!

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