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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1005

A Rocío no le importaba que, en el corazón de su hermano, Eva fuera más importante que ella.

Lo que no podía aceptar era que su hermano, por culpa de Eva, intentara arrebatarle lo poco que le quedaba.

Había tantas cosas que podía cederle a Eva, ¿por qué también tenían que pelearse hasta por un hombre?

En el fondo, Rocío contenía una rabia que le quemaba por dentro.

Por un momento, deseó ir corriendo a enfrentar a Ulises y exigirle una explicación.

Pero al final, se aguantó.

—Hache, no le hagas caso a lo que dijo mi hermano —soltó Rocío, esforzándose por sonar tranquila—. Él solo… solo quiere obligarme a casarme por conveniencia, por eso te dijo esas cosas.

Sebastián respondió con un aire resignado:

—Tu hermano tampoco se equivoca. Tú eres la hija de la familia Hoyos, y yo solo soy un tipo común y corriente. La verdad, no estoy a tu nivel.

Rocío, al escuchar eso, quiso defenderse de inmediato.

—¿Y eso qué? Que seas alguien común no significa nada. Aquí no se trata de quién merece o no, sino de quién vale la pena.

Miró a Sebastián con una sinceridad tan intensa que hasta a ella le sorprendió.

—Hache, para mí tú siempre vales la pena. Siempre.

Rocío pensó que, si estuviera en el lugar de Sebastián y alguien le dijera algo así, seguro se le derretiría el corazón.

Sin embargo, Sebastián solo replicó:

—Señorita Hoyos, creo que lo mejor sería que mantengamos nuestra distancia.

Las palabras de Sebastián cayeron como un balde de agua fría sobre el ánimo de Rocío.

—¿Qué estás diciendo, Hache?

—Tu hermano está dispuesto a inventar cualquier cosa para alejarme de ti. Incluso llegó a decir que yo intenté matarlo en el hospital. Y no sé qué más podría inventar después.

Sebastián bajó la mirada, su voz sonaba cansada.

—Sí, puedo defenderme mejor que muchos, pero de eso a ser un asesino profesional… me falta mucho. Ese hospital estaba más cerrado que una caja fuerte, ni idea de cómo habría podido entrar y atacar a tu hermano.

Rocío bajó la mirada, sus largas pestañas ocultando cualquier rastro de emoción en sus ojos.

Se detuvo justo antes de cruzar la puerta, y giró para mirar a Eva con una sonrisa enigmática.

—Vaya, Eva, parece que te interesa mucho eso entre Hache y yo, ¿no?

Eva frunció levemente el ceño, incómoda por el tono de Rocío.

Estaba por responder cuando Ulises intervino con seriedad:

—Rocío, ya te lo dije, ese Sebastián fue quien intentó matarme. Es probable que actuara por órdenes de Sabrina. Todavía no está claro si trabaja para ella, pero de lo que sí estoy seguro es que no está de nuestro lado.

Rocío reviró:

—Pero Sebastián anda buscando a la persona que tocó el violín en el jardín de atrás. Ahora que Sabrina no puede tocar más, ni siquiera recuerda haber perdido su arete. Él ayudó a Araceli antes, y podría ayudarnos a nosotros también.

Eva se quedó pensando unos segundos antes de decir:

—Lo que dice Rocío tiene sentido. Pero si es así, ¿por qué querría lastimar a Ulises? Si de verdad piensa que Rocío es la persona que está buscando, no tendría por qué tratar así a Ulises.

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