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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1832

Sabrina no insistió y asintió levemente.

Jorge aún tenía que encargarse de los trámites del traspaso de acciones. Platicó un rato más con Sabrina y luego volvió a marcharse.

Al ver a Jorge alejarse, la mirada de Sabrina se volvió inescrutable.

La verdad es que hubiera podido darle largas al asunto y esperar a entender bien su situación antes de negociar con él. Ella podía darse el lujo de esperar, pero Sebastián no.

Confirmar una muerte era mil veces más cruel que lidiar con una desaparición, y Sabrina no tenía ni idea de lo que estaba pasando allá afuera.

Pero considerando que Jorge se había aliado con Eva, su plan debía ser impecable.

Sebastián seguía en tratamiento y no se atrevía a jugar con su salud.

Por eso había firmado el documento tan rápido; su objetivo era mandarle una señal al mundo exterior: no estaba muerta, seguía con vida.

Aun así, una pesada sombra de angustia seguía oprimiéndole el pecho.

***

Al día siguiente, Jorge regresó con comida.

Sabrina lo observó con disimulo, captando cada microexpresión en su rostro.

Sin embargo, entre más lo miraba, más se le revolvía el estómago de la preocupación.

Jorge irradiaba cierta satisfacción; era evidente que su plan iba sobre ruedas.

Sabrina se consumía por dentro de la desesperación, pero no podía dejar que se le notara.

No le hizo berrinches ni intentó negociar nada con él.

Sabía perfectamente que, al tener encima la muerte de Fernanda, Jorge ya había quemado sus naves y un par de palabras suyas no iban a hacerlo cambiar de opinión.

Y aunque había firmado el traspaso, no podía darse el lujo de dejar toda su suerte en manos de otros.

Cuando terminó de comer, preguntó:

—¿Tienes tiempo ahorita? ¿Me acompañas a dar una vuelta?

Como ella se estaba portando tan cooperativa, Jorge le respondió con mucha dulzura:

—Claro, ahorita te llevo a caminar un rato.

Quería construir un futuro con ella, así que lo lógico era no asfixiarla tanto.

Lo único que lamentaba era que las toxinas de su cuerpo tardarían un tiempo en desaparecer, por lo que todavía no podía tener intimidad con ella.

Pero no llevaba prisa. Mientras Sebastián ya no fuera un obstáculo, ni siquiera André podría detenerlo.

Solo hasta que salió de la habitación, Sabrina pudo confirmar que estaba en un sótano de dos niveles.

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