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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1058

Rocío llegó al hospital.

Por todos los pasillos, se escuchaban murmullos de pacientes y enfermeros comentando el incidente del día. El ambiente estaba impregnado de una tensión densa, como si todos respiraran la misma preocupación.

Al acercarse al mostrador, Rocío logró averiguar de una de las enfermeras en cuál habitación se encontraba Eva.

En ese momento, Rocío no podía estar más desaliñada. Su ropa estaba sucia y su cabello enredado; cualquiera notaría que había pasado por momentos difíciles. Sin embargo, nadie le prestó atención.

Y es que todo el personal médico del hospital estaba volcado en atender a Eva.

La atención de todos, sin excepción, se centraba únicamente en ella.

Incluso los pacientes más graves, los que requerían atención urgente, debían esperar su turno después de Eva.

Antes, Rocío no le daba mucha importancia a eso. Pensaba que personas como ellas, con sus privilegios, naturalmente debían tener prioridad, que era lógico que recibieran mejores recursos y estuvieran por encima de la gente común.

Pero ahora...

Ahora, en el fondo de su pecho, empezó a crecer una rabia oscura que nunca antes había sentido.

¿Por qué?

¿Por qué ella tenía que esperar detrás de Eva?

Al llegar a la puerta de la habitación, Rocío se asomó por la ventana de vidrio. Dentro, vio a varias personas rodeando la cama.

Estaban el médico, los Ramos —padre e hijo—, Chiara, y su querido Ulises Hoyos.

En el rostro de Ulises, normalmente tan distante y serio, era imposible ocultar la preocupación. Sus cejas arrugadas y la forma en que apretaba los labios lo decían todo.

Su propia hermana había desaparecido un día entero y jamás lo había visto tan alterado.

Rocío no supo cómo tomar ese sentimiento que la invadió.

Recordó los días en que solo contaban el uno con el otro, cuidándose mutuamente.

Ella había protegido a Ulises, y él también la había defendido.

Rocío siempre pensó que era la persona más importante para él.

Aunque la llegada de Eva cambió su lugar dentro de la familia, Rocío seguía creyendo que la sangre era la sangre. Que los lazos familiares nunca se rompían.

Incluso cuando Ulises le dio la espalda para ayudar a Eva, y eso le costó a Rocío su propio bienestar, ella solo se sintió dolida, pero jamás llegó a odiarlo.

De repente, del otro lado del pasillo se escucharon pasos y voces acercándose.

Rocío se quedó petrificada al reconocer una de esas voces: era Sebastián.

¡No podía dejar que Sebastián la viera en ese estado!

Sentía que algo oscuro y retorcido empezaba a florecer en su corazón.

...

Dentro de la habitación, Ulises recibió una llamada de su asistente.

—Señor Hoyos, el tipo es demasiado astuto. La casa donde fuimos no era donde tenían a la señorita.

Y el que negoció conmigo tampoco era el verdadero responsable del secuestro, solo era su achichincle.

El asistente hizo una pausa, bajando la voz.

—Señor Hoyos, me parece que nos jugaron el dedo en la boca.

Jorge siempre llevaba puesta una máscara y cambiador de voz, así que nadie podía reconocer su cara ni identificarlo por el tono.

Le bastaba con conseguir a alguien de complexión parecida para que se hiciera pasar por él durante las negociaciones.

De todas formas, Rocío no lo conocía bien. Con solo ver la figura, era imposible notar la diferencia.

Incluso si Ulises hubiera estado ahí, Rocío jamás habría salido ilesa.

Jorge todavía tenía varios trucos preparados, aunque por ahora no había sido necesario usarlos.

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