Ambos estaban a punto de irse cuando alguien llamó a Sabrina desde atrás.
—Sabrina.
Sabrina se giró y vio que era su tío Jaime.
Sabrina le sonrió con cortesía.
—Tío, ¿ocurre algo?
Jaime se acercó unos pasos.
—Sabrina, ¿todavía no has conocido a tus abuelos? Cuando tengas un momento, puedo llevarte a ver a la familia Ibáñez y presentarte con los dos viejitos. Desde que supieron que tienen una nieta más, han estado felices, no paran de hablar de ti, y mueren de ganas por conocerte.
Sabrina mantuvo la sonrisa, aunque había una distancia educada en su mirada.
—Mi hermano también mencionó que extraña a los abuelos. En estos días, seguramente iré con mis hermanos a visitarlos personalmente. Tío, primo, ahora tengo asuntos pendientes por resolver, así que me retiro. Cuando tenga un espacio, los busco.
Sin esperar respuesta, Sabrina se despidió y se alejó con Sebastián.
El gesto de Jaime se quedó congelado, casi rígido.
En los últimos años, desde que aquel muchacho problemático de la segunda rama de la familia, aprovechando sus lazos con los Ramos, terminó involucrado en un escándalo donde alguien perdió la vida, la relación entre los tres hermanos Ramos y la familia Ibáñez se había enfriado bastante.
Antes, por lo menos, de vez en cuando se aparecían por la casa de los abuelos.
Pero desde ese incidente, los hermanos Ramos dejaron de ir, y hasta los pedidos que hacían a la familia Ibáñez empezaron a disminuir.
Era más que evidente: buscaban distanciarse por completo.
Sin embargo, circulaba el rumor de que Sabrina tenía en sus manos el diez por ciento de las acciones originales.
Si lograban ganársela, la familia Ibáñez podría volver a posicionarse entre las familias más poderosas.
Pensaban que Sabrina, al haber crecido lejos de la familia, no conocería el mundo de los ricos. Creían que, con un poco de afecto y algunos regalos, podrían convencerla fácilmente.
Pero no esperaban que Sabrina los tratara con una actitud tan distante.
...
Sabrina y Sebastián regresaron a la oficina de ella.
—Tal como lo imaginaste ayer. Los que apoyan a mi madre la han pasado mal en el Grupo Ramos. Los que están del lado de mi padre suman la mitad. Los de mi madre son apenas dos de cada diez, y el resto, la otra tercera parte, se mantiene al margen.
En otras palabras, aunque Sabrina lograra ganarse a los neutrales, solo podría igualar fuerzas con Martín. La situación seguía muy complicada.
Más que pensar que Martín y su padre no soportaban verla bien, era claro que lo que buscaban era quitarle a ella y a los otros accionistas originales sus participaciones, usando a Eva como excusa.
Sebastián reflexionó un instante.
—Si lo que quieren son tus acciones, seguro pronto moverán ficha. Puede que durante este año te pongan trabas para que ni siquiera puedas empezar a trabajar en el Grupo Ramos como se debe.
Apenas terminó de hablar, alguien tocó la puerta suavemente.
Un joven entró, con una actitud formal y educada. Se presentó con una ligera inclinación.
—Señorita Ibáñez, un gusto conocerla. Soy Diego Cornejo, su secretario personal.
Diego era alto, delgado, y tenía una apariencia de esas que están de moda: el tipo de muchacho que parece salido de una serie juvenil. Incluso en el mundo del espectáculo llamaría la atención con ese físico.
Si Daniela estuviera presente, seguro ya habría querido firmarlo como su nuevo talento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...