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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1088

El corazón de Kevin latía inquieto, como si una manita traviesa lo estuviera arañando por dentro, haciéndolo sentir una ansiedad dulce y desesperante.

—Por supuesto, si llegara a engañar a alguien, jamás me atrevería a hacerlo con una belleza como usted, señorita Ibáñez —aventó Kevin, casi babeando de la emoción.

Con la mirada vidriosa, se acercó a Sabrina, levantando su vaso hacia ella, con la excusa perfecta para acortar la distancia entre ambos.

—Venga, señorita Ibáñez, déjeme brindar por usted.

Los ojos de Kevin brillaron con una intención descarada mientras, vaso en mano, intentaba levantarle el mentón a la mujer, dispuesto a darle de beber como si se tratara de un juego seductor.

Pero el semblante de Sabrina cambió de golpe. Sus facciones se endurecieron, la amabilidad desapareció en un parpadeo.

Sin dudarlo, le arrebató el vaso de las manos y vació todo el contenido sobre la cara de Kevin.

El ambiente en la sala privada, que hasta ese momento bullía de risas y gritos, se esfumó tan rápido como un chisme en el viento. El silencio se apoderó de todos. Nadie se atrevía a moverse ni a respirar.

Kevin, empapado y aturdido, tardó un par de segundos en reaccionar. Cuando por fin pudo hablar, señaló a Sabrina y explotó:

—¿Te atreviste a mojarme? ¿Acaso no quieres ese contrato?

Sabrina, sin inmutarse, contestó con un tono cortante:

—No pienso venderme ni por un contrato ni por nada.

El orgullo de Kevin se hizo pedazos frente a todos. Lo invadió una mezcla de rabia y vergüenza.

—¿Y tú quién te crees? No eres otra cosa más que una fácil, ¿ahora vienes a hacerte la inocente? Tú...

Pero no terminó la frase. De repente, una mano lo sujetó de la cabeza y lo estrelló contra la barra donde estaban las botellas y los vasos.

—¡Crash!—

Cristales y alcohol se regaron por el suelo, y el golpe dejó a todos paralizados.

Kevin quedó tirado sobre la barra, con la cabeza presionada bajo el zapato de un joven apuesto que lo miraba con absoluto desprecio.

Nadie se atrevió a decir nada.

Sabrina, lejos de mostrar sorpresa o enojo, mantuvo la compostura. Aquello no era nuevo para ella. Sabía que Kevin no era el primero y, lamentablemente, tampoco sería el último.

—Hache, vámonos —dijo Sabrina, apenas moviendo los labios.

Sebastián levantó el pie y, sin mirar atrás, siguió a Sabrina fuera del lugar.

Capítulo 1088 1

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