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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1120

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¡Treinta y seis mil millones de pesos!

Estela podía aportar diez mil millones. Por el lado de Marcelo, después de platicar con Valentino Blanco, entre los dos apenas lograban reunir unos treinta mil millones, ya que tenían que asegurar que el Grupo Blanco siguiera funcionando con normalidad.

André, por su parte, tenía acceso temporal a setenta mil millones en fondos líquidos, pero si entregaba toda esa cantidad a Sabrina, su empresa tendría que andar con pies de plomo a la hora de tomar decisiones de inversión.

Si llegaban a romper la cadena de pagos, el desastre sería monumental.

Cuando Jorge se enteró, dijo que él podía poner cuarenta mil millones. Gabriel, por su lado, podía conseguir cincuenta mil millones.

En total, apenas llegaban a doscientos mil millones.

Pero aún quedaba un hueco de más de cien mil millones imposible de cubrir.

Aunque Sabrina le pidiera a Hernán, era complicado que él pudiera sacar ciento sesenta mil millones de un jalón.

Además, tampoco podía simplemente pedirles a André, Gabriel y Jorge que pusieran todo el efectivo que sus compañías tuvieran disponible para ayudarla a hacer la compra.

Si las empresas de ellos llegaban a tener problemas de liquidez y no podían responder, ella cargaría con la culpa para siempre.

En cuanto se aseguró de que todo estuviera en orden, Sabrina salió del hospital.

Tenía que pensar en alguna manera de reunir el dinero.

Por ahora, su única carta fuerte era el paquete de acciones originales que le había dejado su madre.

Sabrina meditó un poco y luego decidió pedirle a Diego Cornejo que contactara a los accionistas del grupo de Celeste Ibáñez.

Apenas vio eso, Sebastián captó la jugada de inmediato.

—¿Vas a vender las acciones originales a ellos?

—La verdad, el efectivo que tengo en mis manos es muy poco —respondió Sabrina—. Incluso si André me ayuda, no creo que logre reunir tanto dinero en tres días. Y, bueno, si ellos me ayudan, también van a verse apretados de recursos. No podría devolverles el dinero tan rápido. Si les falta ese capital, sus compañías se van a ver afectadas. No quiero deberles un favor tan grande. Prefiero buscarme la vida por mi cuenta que estar pidiéndole favores a todo el mundo. Además, aunque no comprara el Grupo Vargas, la falta de liquidez siempre ha sido mi punto débil, tarde o temprano tendría que resolverlo.

—Pensé que te costaría trabajo vender las acciones originales —comentó Sebastián.

Pensando en eso, Sabrina preguntó:

—¿Tú qué opinas, Hache?

Al levantar la mirada, se topó de lleno con una mirada llena de calidez y picardía.

Los ojos del hombre, tan profundos, parecían un cielo estrellado.

—Para tu situación actual, es la mejor opción —asintió él—. Pero…

—¿Pero qué? —preguntó Sabrina, intrigada.

—¿No has considerado a la familia Ramos? —replicó Sebastián—. La familia Ramos tiene el poder repartido, pero son de esos clanes de primer nivel que pueden juntar ese dinero sin problemas.

Sabrina soltó una risa sarcástica.

—Claro que lo pensé, pero la familia Ramos seguro querría que les diera las acciones originales a cambio. Y no faltaría que me pidieran todavía más, pretendiendo que me están haciendo el favor de mi vida, cuando en realidad lo que quieren es quedarse con todo mi paquete accionario y encima poner cara de que me están salvando la existencia.

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