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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1128

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Jorge mantenía una expresión tranquila y una leve sonrisa mientras decía:

—Solo venía a preguntar cómo va todo. Sabrina me comentó que ya no necesitaba que reuniera más dinero y, ya que estaba cerca, aproveché para pasar.

André no respondió de inmediato; en cambio, giró la cabeza hacia Sabrina, buscando conocer su postura.

Cuando Sabrina expuso su plan, André lo pensó unos segundos, y para sorpresa de todos, asintió suavemente.

—Si quieres vender esas acciones originales, no tengo inconveniente. Pero te sugiero que tengas un plan alterno.

Jorge lo miró, sorprendido. No esperaba que André apoyara la decisión de Sabrina. Pensó que, igual que él, André intentaría convencerla de lo contrario. Después de todo, ayudarla en este momento les permitiría ganarse su gratitud y abrir la puerta a más oportunidades para acercarse a ella.

El hilo de sus pensamientos se cortó cuando escuchó la voz de Sabrina.

—¿Un plan alterno?

André explicó:

—De todos modos, tenemos que ir juntando el dinero. Si el último día, al intentar vender tus acciones originales, ocurre algo inesperado, te será casi imposible reunir fondos a tiempo. Si vendes esas acciones a la familia Ramos, está bien, pero si decides venderlas a alguien fuera de esa familia, ¿crees que se van a quedar cruzados de brazos viendo cómo ese gran negocio se les escapa? Además, si ven que tienes prisa por conseguir efectivo, te pueden hacer esperar unos días sin problema. Por eso, más vale prevenir.

Sabrina captó de inmediato la intención de André. Después de tantos años juntos como pareja, aún compartían cierta complicidad. Asintió con suavidad.

—Tienes razón, se me pasó por alto.

André la miró con ternura.

—Apenas vas empezando en el mundo de los negocios y ya adelantaste mucho. Si no tienes más preguntas, te dejo para que sigas con lo tuyo.

—André, sabes perfectamente que las acciones originales que tiene Sabrina valen muchísimo más que ese veinte por ciento del Grupo Vargas. ¿Por qué no la detuviste? Aunque aún faltan más de cien millones de pesos por reunir, entre los dos, con la influencia que tenemos en Colombia, también podríamos conseguirlo.

André respondió con un tono sereno:

—Después de cinco años juntos, conozco bien su carácter. Sabrina nunca ha soportado deber favores. Si alguien le hace un bien, ella lo devuelve con creces. En vez de cargarla con esa deuda, prefiero dejarla actuar por su cuenta. Podemos ayudarla una o dos veces, pero no estaremos siempre para rescatarla. Nadie está libre de los imprevistos.

Se detuvo un momento y luego continuó:

—Es mejor enseñarle a pescar que darle el pescado. Si se vuelve más fuerte y capaz, yo también estaré más tranquilo. Así, no tendré que preocuparme todo el tiempo por si algo malo le pasa.

Mientras hablaba, André miró a Jorge de reojo.

—Sabrina no es ingenua, sabe muy bien la diferencia de valor entre las acciones originales y las del Grupo Vargas. Pero necesita capital para dar ese primer paso. Más adelante, tendrá que dar el segundo y el tercero. Puede que tenga buen ojo y logre ganar dinero, o quizá se equivoque y termine perdiendo todo en una mala inversión.

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