Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1134

Nuevo hogarLa Guerra de una Madre Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Los ojos del señor Vargas brillaron levemente.

—¿El culpable detrás de todo esto? ¿Lo que intentas decir, Esteban, es que Sabrina Ibáñez provocó la desaparición de Kevin Vargas, y que hasta ahora no se sabe nada de él?

Esteban Ramos intervino con voz firme:

—Después de lo que le pasó a Sabrina, Kevin desapareció. Dime, ¿quién crees que tiene más motivos para sospechar?

Esteban sabía bien que, sin pruebas, no podían acusar a Sabrina de nada.

Pero no le importaba. Su objetivo era separar a Sabrina de la familia Vargas, impedirles que firmaran el contrato, y con eso bastaba.

Lo que él quería era que Sabrina entendiera que, mientras la familia Ramos no le diera luz verde, ella no iba a poder hacer nada.

¿De qué le servía tener acciones fundadoras? Que se quedara abrazada a ellas, aunque se pudrieran en la tumba.

El señor Vargas respondió con tono tranquilo:

—Según lo que investigué, Sabrina estuvo ese día en el hospital, luchando por su vida. Estaba inconsciente todo el tiempo. Aunque hubiera tenido la intención, no tenía ni las fuerzas ni el tiempo para hacer nada. Cuando despertó, Kevin ya había desaparecido.

—La verdad, sí llegué a sospechar de ella. Pero ahora que tú mismo, Esteban, acusas a tu propia hermana, empiezo a dudarlo. Si verdaderamente fuera ella la culpable, la familia Ramos tendría más que perder que ganar. Y tú, tan desenvuelto diciendo que tu hermana es la responsable... Es obvio que no tienes pruebas y solo quieres sembrar dudas entre nosotros para que la firma del contrato fracase hoy, ¿me equivoco?

El señor Vargas miró fijamente a Esteban, con una expresión cargada de significado.

—Esteban, todavía te falta experiencia.

Como dice el dicho: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

El señor Vargas, tan astuto como Martín Ramos, no tardó en descubrir la jugada de Esteban.

El rostro de Esteban se tensó, sin saber cómo responder.

Martín se adelantó, intentando suavizar el ambiente con una sonrisa:

—Vargas, no te pongas al nivel de los jóvenes. Esteban solo está bromeando.

El señor Vargas soltó una carcajada.

—Por supuesto, Martín. Como adulto, jamás pondría las cosas al mismo nivel que los más jóvenes. Aunque, conociendo a Esteban, no pasa nada. Pero si alguien que no supiera lo que está pasando escuchara cómo habla así de su propia hermana, seguro que empezarían a inventar mil cosas. Martín, deberías cuidar más lo que dice tu hijo. Si llegan a circular rumores desagradables, eso no será bueno ni para Esteban ni para la familia Ramos.

Martín asintió con una sonrisa, aunque en sus ojos se encendió una chispa de resentimiento.

—Por lo que parece, todo indica que sí.

Félix Ramos, con las cejas apretadas, soltó:

—Lo que no entiendo es cómo lo hizo. No vendió las acciones fundadoras a los otros accionistas. ¿Entonces de dónde sacó el dinero?

Esteban se rio con desdén.

—Seguro fue a pedirle prestado a André Carvalho o a Gabriel Castillo. En fin, creo que ya podemos empezar con la siguiente parte de nuestro plan.

Federico meditó, sin perder la calma:

—Pero ni André ni Gabriel han movido grandes sumas últimamente. Así que ese dinero, tal vez, no vino de ellos.

Esteban insistió:

—Quizás se lo transfirieron sin que nadie se diera cuenta.

Al fin y al cabo, si la noticia salía a la luz, sería un escándalo y pondría a la compañía en peligro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada