—¿Qué pasa, hay algún problema? —preguntó André, mirándola con atención.
Sabrina volvió en sí, sacudiendo suavemente la cabeza.
—No, solo pensé que si el Grupo Olivares está atravesando problemas, debe ser por la cadena de financiamiento.
André le dirigió una mirada paciente.
—Cuando una empresa tiene problemas, la falta de liquidez suele ser lo más sencillo de resolver.
—¿Cómo que sencillo? —replicó Sabrina, frunciendo el ceño—. Si el problema es de flujo de efectivo, ¿el Grupo Carvalho podría inyectar dinero y ya?
—Exacto. Si solo fuera cuestión de fondos circulantes, el Grupo Carvalho podría aportar recursos, ayudarles a superar el bache y listo.
—¿Y si el hueco financiero es demasiado grande?
—¿Qué tan grande estamos hablando? —preguntó André, cruzando los brazos con aire reflexivo.
—¿Y si fueran quinientos mil millones?
Al escuchar la cifra, André se rio con ligereza, como si nada en el mundo pudiera sorprenderlo.
—¿Acaso piensas que la última vez, cuando reunimos los trescientos sesenta mil millones para ti, fue tan complicado que ahora crees que si hay un hueco de ese tamaño, la empresa dejaría de funcionar?
Sabrina asintió despacio.
—¿No es así?
André negó con la cabeza, sonriendo con tranquilidad.
—Sí, pero también no. Mira, tú necesitabas reunir esa cantidad en solo tres días. Nuestras acciones y bonos no podían venderse de inmediato, así que tampoco era posible conseguir tanto efectivo en tan poco tiempo.
El camino de Sabrina no era nada sencillo.
Había llegado al mundo empresarial casi por accidente, y a diferencia de Marcelo, que tenía el respaldo absoluto de Valentino Blanco y el Grupo Blanco, ella solo cargaba con un grupo de personas que, en vez de ayudar, parecían frenar su avance.
Para los hombres, los recursos están a la mano: la familia, los padres, los amigos, incluso alianzas matrimoniales. Nadie cuestiona que aprovechen esas ventajas. Parecen derechos adquiridos.
Pero si una mujer intenta hacer lo mismo, enseguida la tachan de dependiente, de vivir a la sombra de otros. Como si aceptar ayuda la condenara a ser vista como incapaz.
Sin embargo, cuando André y Jorge se apoyaban, todo el mundo lo veía como algo natural. Nadie se escandalizaba ni levantaba una ceja.
¿Acaso André, Gabriel, los Ramos, no nacieron todos entre lujos y privilegios? Desde pequeños disfrutaron de los mejores contactos, los recursos más exclusivos. Al crecer, la familia y las empresas les abrieron puertas que nadie más podía tocar.
Incluso cuando el Grupo Ramos atravesó sus peores crisis, Celeste Ibáñez necesitó del respaldo de los Ramos para sus inversiones.
Sabrina, en cambio, solo contaba con las acciones iniciales que le dejó Celeste. Ni familia ni empresa podían sostenerla. Era como una general sin ejército: sola en medio del campo de batalla, luchando por mantenerse de pie.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...