—Lo que yo busco, justo es aquello que tú antes tiraste como si no valiera nada —soltó Sebastián, con una voz que le caló hondo a André.
Por un instante, André se quedó paralizado. De pronto, sintió una punzada como un enjambre de agujas apretándole el pecho. Aquello que él mismo había despreciado en el pasado… era el amor sincero de Sabrina.
No le salía ni una sola palabra sarcástica. No podía. Porque, en el fondo, lo que Sebastián anhelaba era exactamente lo que él había tenido y, por su propia culpa, ya nunca podría recuperar. Lo había perdido por sus propias manos, sin vuelta atrás.
Sin mostrar expresión alguna, André se giró para marcharse. Pero la voz de Sebastián volvió a retumbar a sus espaldas.
—André, cuando ustedes estuvieron juntos, no supiste darle lo que ella quería. Ni siquiera fuiste capaz de protegerla. Si no fuera por tu falta de agallas, ahora mismo Sabrina estaría dedicada a lo que más le gusta: el violín. No tendría que meterse sola en estos líos. Así que, ya que tú no puedes, déjame a mí encargarme. Mientras yo esté aquí, te juro que nunca dejaré que sufra ni el más mínimo daño.
André cerró los ojos por un momento, tratando de contener la marea de emociones que lo invadía.
Tenía razón. Si no lo hubieran engañado, si no hubiera caído en la trampa de Araceli Vargas, nunca habría terminado divorciándose de Sabrina. Ella jamás habría tenido que regresar con la familia Ramos. Habría podido tocar el violín cuando quisiera. No estaría ahora forzada a dejar atrás sus sueños, a aprender de golpe sobre negocios, a recomenzar de cero.
—Vienes hasta aquí solo para decirme eso, ¿o hay algo más? —preguntó André, con voz baja.
—Señor Carvalho, eres muy listo. Seguro que ya te diste cuenta. Si no, cuando Grupo Olivares tuvo problemas, no te habrías quedado quieto —respondió Sebastián, directo.
André guardó silencio.
La verdad, desde hace tiempo sospechaba que Jorge sentía algo por Sabrina. No le sorprendía. Sabrina siempre había sido especial. Era fácil enamorarse de ella. Lo que sí le daba vueltas en la cabeza era otra cosa.
—Ulises, no puedo creer que acertaste. El que está chantajeando a Rocío Hoyos resultó ser alguien cercano a Sabrina. —Movió la cabeza y aventó—: De veras que el perro más callado es el que muerde. ¿Quién diría que Sabrina sería tan cruel, usando a Jorge para arruinar a Rocío?
Al principio, Ulises solo sospechaba que alguien del círculo de Sabrina estaba detrás de lo que le sucedía a Rocío, pero no tenía claro quién era. Por eso, fingió no saber nada de los movimientos de Rocío, dejando que ella siguiera filtrando documentos importantes.
No hacía mucho, Ulises había dejado pistas a propósito. Quería ver quién usaría ese error empresarial de la familia Hoyos para atacar al Grupo Hoyos y secuestrar a Rocío. Quien cayera en la trampa sería el culpable.
Y así fue: Jorge mordió el anzuelo que Ulises le había preparado. Gracias a eso, Rocío pudo identificarlo sin equivocarse, ajustar su plan y devolverle el golpe a Jorge con toda la fuerza posible.
En los ojos de Ulises brillaba un destello impasible, como si ya viera el final del juego.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...