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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1163

—No importa lo que pase, siempre hay que sonreír con calma. Hay que aprender a que nadie note si estás feliz, enojada o triste.

Al principio, se me hacía agotador, como si llevara una máscara gruesa todo el tiempo.

Pero con los años, me terminé acostumbrando.

Fue entonces cuando descubrí que, si usas la máscara demasiado tiempo, después ya no puedes quitártela.

Quizá fuera por el empeño de Celeste en enseñarle, pero Sabrina siempre se comportaba con una elegancia natural.

Incluso si soltaba algún comentario sarcástico, nunca caía en lo vulgar.

Sebastián, al escucharla, repitió para sí, con voz baja:

—¿Si usas la máscara demasiado tiempo, ya no la puedes quitar?

Una brisa suave les acarició, trayendo consigo un aroma sutil y agradable, nada intenso pero sí reconfortante.

A su alrededor, las flores de mil colores se mecían con el viento. No tenían la presencia de una flor de concurso, pero había algo en ellas que relajaba el alma.

Al mirar a lo lejos, esos pequeños destellos de color resultaban más hermosos aún que cualquier jardín perfectamente arreglado.

—Este lugar de verdad es especial —comentó Sabrina, mirando el cielo limpio, sus ojos iluminados por una luz suave y tranquila—. Alejarse un rato del bullicio de la ciudad hace que todo el cuerpo se relaje.

Sebastián la miró de reojo, notando que, en efecto, Sabrina parecía mucho más tranquila.

El sol de la tarde les envolvía con su calidez, y el ambiente olía a serenidad.

Envuelta en ese aroma sutil, Sabrina terminó quedándose dormida sin darse cuenta.

Desde que le lastimaron la mano, padecía insomnio casi cada noche.

Había intentado de todo, pero nada le ayudaba a dormir.

Ya estaba acostumbrada, en cierto modo, a esa sensación de no poder conciliar el sueño.

Después de que Araceli volviera a su vida, cada noche se la pasaba dándole vueltas a todo.

El insomnio era una pesadilla.

Cuando despertó, el sol seguía acariciándole la piel.

Sabrina abrió los ojos despacio, sin ganas de levantarse.

En ese lugar tan sereno y lleno de paz, por fin sentía que su corazón hallaba un poco de descanso. Solo quería quedarse ahí, tumbada, sin pensar en las preocupaciones que la agobiaban.

Giró la cabeza despacito y notó que Sebastián seguía sentado junto a ella.

Capítulo 1163 1

Capítulo 1163 2

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