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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1167

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Sabrina sujetaba el arma con fuerza, la mandíbula apretada y el cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse.

Aprovechando un pequeño hueco entre los troncos, apuntó y apretó el gatillo.

—¡Pum!—

La bala impactó en la pierna de uno de los atacantes.

Las horas que había pasado practicando en el club de tiro no fueron en vano; aunque nunca imaginó que llegaría el día en que tendría que defender su vida de verdad.

Ahora no era un simulacro, era la realidad. Por más que intentara mantener la calma, las manos le temblaban y su puntería falló un poco, pero por suerte no tanto como para lastimar a Sebastián.

A diferencia de ella, Sebastián se movía con una serenidad escalofriante, disparando directo a la cabeza de los agresores, mientras Sabrina apenas podía contener el temblor en sus dedos.

Disparó varias veces más hasta que los asesinos la notaron.

Sabrina supo que no podía seguir disparando; rápidamente guardó el arma y se escondió detrás de unos arbustos.

Cuando los asesinos cambiaron de objetivo y comenzaron a buscarla, la mirada de Sebastián se volvió tan cortante que parecía atravesar la noche.

Sin vacilar, apretó el gatillo de su pistola con silenciador; uno a uno, los atacantes caían como piezas de dominó.

—¡Pum, pum, pum!—

Las balas volaron sin piedad.

Aquellos que intentaban perseguir a Sabrina terminaron desplomados en el suelo.

Cada disparo de Sebastián era mortal, ni uno solo falló su blanco.

Sabrina, asustada por la idea de que la encontraran, se adentró corriendo en la espesura del bosque, como si el diablo la persiguiera.

Podía escuchar a lo lejos los disparos y pasos desesperados pisándole los talones.

¡Alguien venía tras ella!

No se atrevía a parar ni a mirar atrás. Las ramas y espinas rasgaron su pierna y brazo, dejando heridas ardientes y rojas.

No supo cuánto tiempo corrió. El bosque la envolvió en un silencio abrumador. Los pasos que la seguían desaparecieron.

Por fin, pudo respirar y se dejó caer, agotada, entre unos arbustos que la ocultaban.

Respiraba con dificultad, el corazón retumbando en su pecho como si quisiera salirse de su cuerpo.

Al sentirse a salvo por el momento, buscó su celular para pedir ayuda.

Pero no vio una piedra bajo sus pies; tropezó y cayó al suelo.

Una de las piedras cortó su brazo, dejando una herida larga y sangrante.

Por mucho que aguantara, no pudo evitar soltar un jadeo de dolor.

El bosque era enorme; aunque Sebastián intentara buscarla, seguramente le tomaría mucho tiempo encontrarla.

Buscó refugio bajo una árbol de ramas espesas.

Sabrina sabía que no era buena idea resguardarse bajo un árbol en plena tormenta eléctrica, pero el bosque estaba tan denso que no había un solo claro a la vista.

Ya no le importó. No tenía energías para preocuparse por eso también.

Pasó el tiempo, sin saber cuánto. Finalmente, la lluvia comenzó a amainar y, poco a poco, casi se detuvo.

Sabrina pensaba si debía buscar un lugar más seguro para pasar la noche y, con la luz del día, intentar salir del bosque. Justo en ese momento, escuchó un sonido extraño, como un siseo.

—Ssssss...—

Su corazón volvió a acelerarse. Se quedó inmóvil, los sentidos alertas, intentando adivinar de dónde venía ese ruido escalofriante...

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