Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1169

Nuevo hogarLa Guerra de una Madre Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Pensando así, Sabrina estuvo a punto de actuar de inmediato.

Sin embargo, justo cuando levantó la mano, alguien le arrebató el cuchillo de repente.

Sabrina miró a Sebastián, completamente desconcertada.

Sebastián le dijo:

—No te compliques tanto, yo puedo sacar el veneno por ti.

Sabrina parpadeó, aturdida.

—¿Qué?

Pero Sebastián ni siquiera volteó a verla. Se concentró en lo que estaba haciendo.

Se quitó la chamarra, arrancó unas tiras de tela y las ató con destreza alrededor de la pierna herida de Sabrina. Las apretó fuerte, buscando detener el flujo de sangre.

Sabrina apenas podía reaccionar, solo lo miraba como si estuviera viendo un sueño del que no podía despertar.

Cuando terminó de prepararlo todo, Sebastián se inclinó sobre ella y empezó a succionar el veneno de la herida en su pierna.

Sabrina abrió la boca, queriendo decir algo, pero antes de emitir sonido alguno, todo se tornó oscuro de golpe y perdió el conocimiento.

...

Cuando volvió en sí, la luz del amanecer ya se filtraba desde la entrada de la cueva.

Sabrina echó un vistazo a su alrededor y vio que estaba recostada en el interior de una cueva.

No muy lejos, se apilaban ramas y hojas ya consumidas por el fuego.

Sobre su cuerpo, había una chamarra de hombre cubriéndola.

Intentó incorporarse, pero su cuerpo no le respondía. Apenas y se movía, el mundo daba vueltas y sentía que podía desmayarse otra vez.

Sebastián no estaba en la cueva. No tenía idea de a dónde había ido.

Sabrina, haciendo un esfuerzo, se puso de pie. Apenas dio un paso, la pierna le falló.

Sintió que iba a caer, pero alguien la sostuvo justo a tiempo.

—Sabrina, aún no deberías moverte —advirtió una voz junto a ella.

Alzó la mirada y se topó con un rostro masculino de facciones finas y piel clara.

El tipo tenía los labios apretados y una mirada tan profunda que parecía esconder tormentas. Las cejas marcadas y los ojos oscuros le daban un aire de dureza helada.

Durante algunos segundos, Sabrina se quedó en blanco.

Rara vez había visto a Sebastián con ese tipo de expresión.

En su mente, Sebastián siempre tenía una sonrisa tranquila, como si nada le preocupara, como si todo le diera igual. Siempre relajado, con una calma contagiosa.

Pero ahora, viéndolo con ese semblante tan serio, sintió que no lo reconocía.

Después de beber el agua, Sabrina sintió que recuperaba fuerzas, y hasta la garganta le ardía menos.

—¿Saliste a buscar agua? —preguntó.

Sebastián asintió.

Sabrina se frotó la sien, todavía mareada.

—¿Qué me pasó?

—Te dio fiebre por el veneno y el frío. Por ahora, necesitas descansar, no puedes moverte mucho.

Sabrina bajó la vista, resignada.

—Ya veo.

—Te mordió una serpiente. Tu cuerpo está muy débil —agregó Sebastián.

Como si recordara algo, extendió la mano hacia la frente de Sabrina.

Ella se tensó de inmediato y, por instinto, quiso apartarse.

Sebastián detuvo el movimiento, bajando la mirada hacia ella.

—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada