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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1178

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La familia Ramos

Por la desaparición de Sabrina Ibáñez, todos los Ramos se reunieron en la casa familiar.

—Sabrina estuvo desaparecida dos días enteros, justo bajo nuestras narices, y ¡apenas nos venimos a enterar! —aventó Esteban Ramos, su voz cargada de enojo.

Al terminar de hablar, lanzó una mirada hacia el piso de arriba y soltó un resoplido despectivo.

—Y todo por culpa de ese mocoso desagradecido que se la pasa encubriéndola. Si no fuera por él, lo habríamos sabido mucho antes. El hijo de Sabrina salió igual que ella, traicionero y desleal.

Martín Ramos y Federico Ramos, sentados a su lado, se tensaron al instante. Sus miradas se volvieron duras como el acero.

—Esteban, contrólate —advirtió Martín con voz firme.

Eva Ramos también intervino:

—Segundo, Thiago apenas es un niño, no tienes por qué hablar así de él.

Martín ya había dejado claro a todos que los pleitos de los adultos no debían salpicar a Thiago Carvalho. De joven, Martín era temido por su carácter implacable, pero con los años había cambiado. Ahora, no se atrevía a tomar decisiones tan despiadadas como antes. Al menos, protegería a Thiago de cualquier represalia.

Esteban notó que nadie lo respaldaba. Se le cortó la respiración y, por un momento, no supo dónde meter la cara.

Entonces, Félix Ramos rompió el silencio:

—Acaba de llamar la gente que mandamos a investigar. Según lo que averiguaron, Sabrina y su guardaespaldas sufrieron una emboscada. Por las huellas en el lugar, parece que los atacantes no son de aquí, no son chilenos.

Federico frunció el ceño.

—¿No son chilenos? ¿Entonces Sabrina tiene enemigos en otros países?

Esteban no pudo evitar soltar una carcajada burlona.

—¿Vieron? Sabrina siempre ha sido un problema; donde se para, mete a la familia en líos. Ahora hasta extranjeros se le echaron encima. No me extraña que aceptara volver con nosotros, seguro lo hizo buscando protección.

Nadie le prestó atención.

—Sí, Ulises. ¿Fuiste tú quien mandó a los que emboscaron a Sabrina?

Ulises soltó una risita que no auguraba nada bueno.

—No fui yo... pero la verdad, fui quien avisó a los que la persiguieron. Son enemigos de Sebastián Fonseca.

Por ahora, Ulises no podía tocar a Sabrina directamente, pero tampoco iba a dejar pasar la ofensa. Después de todo, Grupo Hoyos había perdido miles de millones, y su posición en la empresa ya no era la misma. No pensaba quedarse cruzado de brazos.

No podía moverle el tapete a Sabrina, ¿pero a Sebastián? Eso era harina de otro costal. Sebastián tenía tantos enemigos como él. Bastaba con enviar un pequeño aviso a Argentina para que Sebastián no volviera a dormir tranquilo. Los que iban tras él eran tipos sin escrúpulos, capaces de cualquier cosa, y no les importaba si Sabrina era inocente o no. Si la encontraban cerca, seguro la arrastrarían a la tumba junto con Sebastián.

Y si Sabrina moría por culpa de eso, Ulises se lavaría las manos.

Su jugada era perfecta: mataba dos pájaros de un tiro y ni siquiera tenía que ensuciarse.

Eva entendió la amenaza de inmediato. Se le endureció la mirada.

—Ulises, Sabrina dejó su testamento. Si ella llega a faltar, la familia Ramos no podrá quedarse con sus acciones originales. Y más importante aún, Sabrina es de nuestra sangre. Papá ya nos advirtió: pase lo que pase entre nosotros, nunca podemos llegar al extremo de quitarnos la vida. Esa es la línea que jamás debemos cruzar.

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