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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1225

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El hombre y Ulises compartían cierto parecido: ambos eran de esos tipos que llaman la atención a donde van, con rasgos marcados y una elegancia tan natural que parecía que ni lo intentaban. Sin embargo, si uno lo miraba de cerca, notaba algo inquietante: sus ojos, aunque grandes y bien formados, carecían de vida y no enfocaban nada, como si miraran al vacío.

Su voz, grave y envolvente, resonó en aquel pasillo sombrío y silencioso.

—¿Qué pasó allá afuera, por qué tanto alboroto, Inés?

La mujer, a la que llamaban Inés, le contó lo que había ocurrido hacía poco.

—Señor, parece que alguien se infiltró en la mansión para intentar matar a Ulises. Hasta volaron el cuarto donde él dormía. Escuché que Ulises terminó muy malherido.

El hombre, al oír aquello, soltó una frase cargada de doble sentido.

—Vaya coincidencia.

Inés lo miró sorprendida.

—¿Coincidencia?

—Sí —respondió él, dejando escapar una sonrisa casi imperceptible—. Justo hace un momento me llamaron para decirme que la mercancía de Ulises fue robada. La familia que lo hizo lleva veinte años trabajando con nosotros, con la familia Hoyos. Siempre usan la misma ruta, jamás los habían asaltado. Y ahora, de la nada, se la quitan. Ulises, quien debería estar al mando, resulta que es atacado y queda gravemente herido.

—Pues sí… es bastante raro —admitió Inés, tratando de sonar natural.

El hombre pareció recordar algo y preguntó:

—Por cierto, Inés, ¿has escuchado hablar de una tal Daniela?

El cuerpo de Inés se tensó, aunque el hombre, con su ceguera, no pudo notarlo. Sin perder la compostura, negó con la cabeza.

—No, no la conozco, señor. ¿Por qué lo pregunta?

Ahora, en la casa de Yeray solo quedaban tres personas: el mayordomo Leandro, que ya estaba medio sordo; Regina, una empleada de más de cincuenta años que casi no veía; y la propia Daniela.

Con esas condiciones, ni Leandro ni Regina tenían posibilidades de encontrar trabajo en otro lado, así que se resignaban a permanecer en ese rincón olvidado.

Daniela estaba convencida de que Yeray, habiendo sido alguna vez el heredero de los Hoyos, debía de saber secretos importantes.

Si lograba motivarlo y enfrentar a Ulises, quizá podría sacar ventaja.

Pero apenas llegó, toda esa esperanza se fue al piso. Yeray estaba tan decaído que la palabra “abatido” se quedaba corta.

Pensar que él podría recuperarse y pelear por el poder era una ilusión.

Daniela empezaba a arrepentirse de su elección. Ya planeaba buscar la forma de escapar de ese lugar, cuando el destino, de manera inesperada, le entregó en bandeja una información que podría cambiarlo todo…

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