—Ya entendí —musitó Esteban con voz baja.
Después de colgar, Eva tomó la carretera en dirección opuesta a la de Sebastián.
Pensó que la familia Fonseca estaba llena de locos; arriesgarse con ese tipo de deportes extremos no tenía sentido. Mejor mantenerse lejos de esa gente, no fuera a salpicarle el problema.
...
Ulises, que había vuelto a salvarse de milagro, finalmente decidió dejar el hospital y buscar un sitio más seguro para recuperarse.
Alguien había filtrado su paradero. Hasta el hospital de su propia familia ya había sido comprado por sus rivales.
Si seguía ahí, su vida corría peligro en cualquier momento.
Apenas subió al carro, Ulises lucía aún más pálido de lo habitual, sin una gota de color en la cara.
Sus heridas no pusieron en riesgo su vida, pero había perdido un brazo. Además, después de tantos intentos de asesinato y varias operaciones de urgencia, su cuerpo ya no aguantaba igual.
Se recostó en el asiento trasero, cerró los ojos y trató de descansar un poco.
Demasiadas cosas habían pasado últimamente.
Todavía no sabía cómo resolver el tema de la mercancía robada a la familia Carranza.
En el Grupo Hoyos, ya había rumores de que querían quitarle el mando.
Y para colmo, su foto se había filtrado en internet. Mucha gente decía que su apariencia era aterradora, que podía asustar a los niños y mejor no debería volver a mostrarse en público.
Una tras otra, las emboscadas lo habían dejado agotado, sin energía ni fuerzas.
Después de sus heridas, ya no tenía la vitalidad de antes.
De repente, el carro se sacudió con fuerza.
Ulises abrió los ojos de golpe.
—¿Qué pasó?
Como si hubiera notado la confusión y sorpresa de Ulises, el conductor del Luz X bajó la ventana lentamente, dejando ver un rostro atractivo y perfectamente delineado.
El tipo le hizo un gesto burlón, la sonrisa torcida y desafiante asomando en sus labios.
Un segundo después—¡Pum!
El carro de Ulises recibió otro golpe tremendo.
El carro de Ulises también había sido modificado, no tanto para correr rápido como para llevar la seguridad al extremo. Si no fuera por eso, con esos choques, seguro ya habría volcado.
Aun así, en plena autopista, el carro se tambaleaba de un lado a otro con cada embestida.
Por suerte, el conductor tenía nervios de acero y logró estabilizar el vehículo antes de que perdieran el control.
Fue entonces cuando Sebastián se acercó rápidamente con su propio carro, aprovechando el caos.
—Señor Ulises, ¿por qué salió tan rápido del hospital? Y además tan a escondidas… ¿A poco tiene miedo de que lo descubran?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...