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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1310

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—¡Pum!

Sebastián giró el cuerpo a un lado, intentando esquivar la bala, pero esta terminó impactando su pierna. El dolor lo sacudió y lo obligó a apoyarse en la pared chamuscada.

Los ojos de Jorge se oscurecieron, llenos de una determinación gélida.

Cargar con Thiago en brazos lo volvía torpe, lejos de la precisión que solía presumir en otros tiempos. Aun así, levantó el arma, listo para rematar a Sebastián.

Justo en ese instante, Thiago, que seguía en sus brazos, movió ligeramente las pestañas, dando señales de que estaba por despertar.

—Señor Sebastián... —susurró Thiago, aún sumido en la confusión.

El rostro de Jorge cambió de inmediato, la tensión le crispó el gesto. No se atrevió a disparar de nuevo.

Volteó a ver el fuego que se extendía por la habitación. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.

Matar a Sebastián con sus propias manos resultaba demasiado arriesgado. Si Thiago recobraba el sentido, podría delatarlo en cualquier momento. Además, si capturaban a Fontaine y este confesaba que Jorge no había matado a Sebastián, no habría manera de justificarse.

Pensándolo bien, sería mejor dejar que Sebastián muriera consumido por el incendio.

Con esa idea en mente, Jorge cerró rápidamente la puerta que había quedado abierta. Aunque no la había asegurado con llave, en el estado en que se encontraba Sebastián, abrirla y escapar sería casi imposible.

La sola imagen de Sebastián a punto de morir, mientras él ponía a salvo a Thiago, llenó a Jorge de un regocijo que nunca antes había sentido.

...

En otro punto del recinto, Sabrina revisaba uno a uno los almacenes. Todos estaban vacíos.

Aunque también ardían, el fuego no era más que una distracción para desviar la atención.

Al terminar de revisar los últimos rincones, Sabrina dudó un segundo. No sabía si debía ir a apoyar a Jorge o a André.

Estaba más cerca de la zona por donde buscaba Jorge, así que tras pensarlo un momento, decidió ir en esa dirección.

Apenas había avanzado unos metros cuando, de pronto, se topó de frente con alguien.

Al distinguir quién era y notar que cargaba a Thiago en brazos, el ánimo le volvió de golpe.

Corrió hacia Jorge, sin disimular la urgencia.

—¡Thiago!

Ese no era momento para interrogar a Fontaine. No había tiempo para perder.

Así que, sin dudar, los tres se movilizaron juntos.

...

De vuelta con Jorge.

Sabrina notó de inmediato la camisa blanca de Jorge, manchada de sangre y hollín.

—¿Estás herido, Jorge?

—No pasa nada. Recibí un balazo de uno de los hombres de Fontaine, estaba escondido en las sombras.

Jorge no mentía con eso. Apenas acababa de salir con Thiago cuando una bala lo alcanzó. Por suerte, el disparo no dio en ningún punto vital.

Quizás al darse cuenta de que Jorge no era el objetivo, el atacante solo disparó una vez y luego desapareció.

La herida, lejos de incomodarlo, le servía como coartada perfecta. Así, todos verían que rescatar a Thiago había sido una hazaña arriesgada, casi imposible.

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