—Sabrina, la situación de Thiago es urgente, llévalo tú al hospital primero. Yo me quedo a esperar a André —dijo Jorge, con voz firme.
—Tú eres el que está herido, mejor váyanse tú y Thiago al hospital —insistió Sabrina, preocupada.
Sabrina, al principio, había pensado en quedarse para esperar a André, pero luego le preocupó dejar que los dos heridos se fueran solos.
Tras una breve pausa, cedió.
—Mejor olvídalo, no vamos a esperar a André. Voy con ustedes.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Jorge, casi imperceptible.
—Está bien, vámonos de una vez.
Apenas habían avanzado unos metros cuando Sabrina pareció recordar algo importante y se detuvo en seco.
—Jorge, ¿y Hache?
Jorge también se detuvo, aunque trató de disimularlo.
—No he visto a Hache —respondió con algo de duda, fingiendo no entender—. Sabrina, ¿estás segura de que Hache vino para acá? ¿No habrá ido a otro lado?
El mensaje era claro: sugería que Sebastián quizá nunca llegó a salvar a Thiago, que tal vez simplemente se había largado.
—Eso es imposible —afirmó Sabrina, tajante—. Hache jamás se iría, él tiene que estar aquí.
Jorge apretó el puño sin poder evitarlo.
No podía creer que, incluso en ese momento, Sabrina aún confiara en Sebastián.
—De verdad, no he visto a Hache —repitió Jorge, tratando de mantener la calma.
Sabrina lo miró directo a los ojos.
—¿Dónde encontraste a Thiago?
El corazón de Jorge dio un vuelco bajo esa mirada directa.
Pero él era experto en ocultar sus emociones. No iba a dejar que lo notara.
—En la bodega que está al fondo —contestó, con un tono seguro.
—¿Y cómo lo rescataste? —insistió Sabrina.
—Vivo o muerto, tengo que encontrarlo. Aunque ya no respire, quiero sacarlo de ahí —declaró, con determinación.
Sin voltear, Sabrina les hizo señas a los que estaban cerca para que la acompañaran en la búsqueda.
Jorge intentó detenerla otra vez, pero Sabrina ya iba a toda prisa hacia la bodega.
...
—¡Hache! ¡Hache!...
La voz familiar de una mujer resonó en los oídos de Sebastián, como si fuera un espejismo.
Las llamas rugían alrededor. Sintió algo frío y húmedo caerle en el rostro, una sensación extraña que no lograba definir.
Dicen que, al borde de la muerte, uno ve a la persona que más extraña.
¿Sería eso? ¿Estaba viendo alucinaciones antes de morir?
Si era así, no le molestaba. De hecho, hasta le parecía un consuelo.
La verdad, lo único que deseaba antes de irse de este mundo... era poder verla una vez más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...