Esteban se cubrió instintivamente la mejilla golpeada y gritó furioso:
—¡Pinche loca! ¿Por qué demonios me pegas sin motivo?
—Porque no quiero que me hagas pasar vergüenzas —advirtió Rosa con frialdad—. Esteban, si no quieres que la familia Ramos acabe con la fama de ser unos hambreados que venden a su madre por dinero, mantén la boca cerrada.
Ella continuó, implacable:
—Ustedes saben perfectamente si Sabrina es o no una Ramos. Pero quiero ver si, por su supuesto «interés», son capaces de calumniar a su propia madre diciendo que se metió con otro hombre, pisoteando su reputación.
Esteban replicó molesto:
—¡¿Qué estupideces estás diciendo?! Mamá jamás se habría metido con otro hombre. Seguro que Sabrina se está haciendo pasar por hija de mamá para estafarnos...
—Esteban —interrumpió Félix Ramos con voz gélida—. Cállate.
Esteban se quedó helado, pero al ver la mirada sombría y llena de advertencia de Félix, no se atrevió a decir ni pío.
De repente, le cayó el veinte.
Si Sabrina insistía en que era hija biológica de Celeste, y Celeste era adoptada, entonces Sabrina no tendría sangre de los Ibáñez.
Entonces...
Si Sabrina tampoco tuviera la sangre de los Ramos, ¿no estaría diciéndole a todo el mundo que Celeste tuvo a Sabrina de una aventura?
¿Que Celeste huyó de la familia Ramos precisamente por miedo a que Martín descubriera su infidelidad?
¡Si fuera así, la reputación de Celeste quedaría por los suelos!
Dijeran lo que dijeran, Celeste era la madre biológica de los tres hermanos y ya había fallecido.
No podían permitir que su madre cargara con el estigma de la infidelidad después de muerta.
Y si al final la verdad salía a la luz y resultaba que Celeste nunca fue infiel, ellos quedarían como unos miserables que, por unas acciones, vendieron y calumniaron a su propia madre.
Ni siquiera defender el honor de su madre... ¿eso los haría humanos?
Por supuesto, la misma lógica aplicaba para Martín.
Si los Ibáñez insistían en la prueba y resultaba que Sabrina no tenía parentesco con ellos, entonces, de ahora en adelante, las dos familias ni siquiera serían parientes políticos.
Las caras de los Ibáñez se oscurecieron, viéndose terriblemente mal.
Abajo del escenario, Nicolás vio esto y susurró:
—Tío, ¿qué hacemos? Los Ramos no mordieron el anzuelo.
La expresión de Fidel seguía tranquila, como si ya lo hubiera previsto.
—Da igual. Ese no era mi objetivo principal.
Solo les estaba dando una opción a los Ramos para ver si, cegados por las acciones y el dinero, se atrevían a difamar a Sabrina y a Celeste.
Si lo hubieran hecho, habría sido una ganancia extra. Si no, tampoco era una lástima.
Nunca pensó que lidiar con Sabrina y la familia Ramos fuera tan sencillo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...