Sabrina, por más despistada que fuera, sabía perfectamente que una cena a la luz de las velas no se compartía con cualquiera.
Sebastián le dio una razón bastante lógica:
—La última vez me ayudaste a celebrar mi cumpleaños, así que pensé en hacer algo por ti también.
Sabrina sintió una calidez en el pecho; Sebastián era demasiado atento. Sin embargo, una ligera melancolía empañó ese sentimiento.
No sabía cómo iba a soportarlo si algún día Sebastián se marchaba.
Antes, quizás hubiera podido afrontar su partida con serenidad.
Pero ahora…
Sabrina prefería no pensar en eso.
***
Cuando terminó la cena, ya era tarde.
Sabrina, que rara vez se relajaba tanto, había bebido bastante vino.
Para el final, ya tenía sus copas encima.
Había olvidado cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se sintió tan relajada.
Parecía que, desde que tuvo a Thiago, sus nervios habían estado siempre en tensión.
De pronto sintió que vivir para sí misma, aunque fuera una sola vez, se sentía increíble.
Aunque en el pasado había tomado el camino equivocado, afortunadamente no era tarde para empezar de nuevo.
Sebastián ayudó a la ebria Sabrina a regresar a su habitación.
Apenas la acomodó en la cama, ella cayó profundamente dormida.
Al ver el rostro de la mujer, totalmente indefensa mientras dormía, la mirada de Sebastián se oscureció y no pudo apartar la vista por un buen rato.
Ella siempre era así, bajaba la guardia con él.
¿Acaso no sabía que, por más confianza que le tuviera, él seguía siendo un hombre hecho y derecho?
Si él realmente intentara algo, ella saldría lastimada tanto física como emocionalmente.
Sebastián se quedó de pie junto a la cama, observándola un momento más, y luego la cubrió bien con el edredón.
Antes de irse, se inclinó y depositó un suave beso en su frente.
—Buenas noches, Sabrina.
***
Joseph tenía algo urgente que reportar, pero como el celular de Sebastián estaba apagado, tuvo que ir en persona.
A lo lejos, vio cómo Sebastián ayudaba a Sabrina a entrar al hotel.
En su interior, le dio un diez a su jefe.
Aunque el señor Fonseca nunca había tenido novia, se le daba bien conquistar chicas.
¿Ya… ya terminó?
Nunca había escuchado que los hombres de la familia Fonseca tuvieran… «ese» tipo de problema.
¿Acaso ese fue el motivo por el que Sebastián y esa mujer se divorciaron?
Joseph sintió que acababa de descubrir un secreto por el que podrían silenciarlo para siempre.
Sebastián arqueó una ceja.
—¿Qué es tan rápido?
Joseph desvió la mirada.
—Este… nada, yo pensé que… pensé que…
Sebastián no era lento y entendió enseguida a qué se refería Joseph.
—¿Creíste que me aprovecharía de su estado?
Joseph soltó una risita nerviosa.
—Bueno, no diría «aprovecharse». Más bien… dejar que la naturaleza siga su curso. Sí, eso… ¡jeje!
Al mismo tiempo, pensaba: «Señor Fonseca, ¿tanto tiempo junto a Sabrina ya lo hizo creerse un santo? ¿No era usted al que le encantaba aprovecharse de las desgracias ajenas?».
Vamos, con tal de divertirse, Sebastián era capaz de hacer leña del árbol caído y mucho más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...