Félix miraba a Martín con intensidad, escupiendo las palabras con rabia:
—¿Cómo quieres que toleremos a un Sebastián así? ¡Si dejamos que siga ayudando a Sabrina, en unos años el Grupo Ramos dejará de ser Ramos para llevar el apellido de ella!
—¡Pum!
Martín golpeó la mesa con fuerza, furioso.
—¡Félix! ¿Qué clase de estupidez es esa? ¡Sabrina también es tu hermana y tiene el mismo derecho a heredar que ustedes!
Félix se rio.
—Papá, si de verdad pensaras eso, ¿habrías planeado sacar a mamá de la empresa y quitarle sus acciones? En tu corazón, el Grupo Ramos solo puede ser Ramos, jamás Ibáñez.
Federico y Eva no esperaban que Félix le arrancara la máscara a Martín de esa forma. Aunque Celeste ya no estaba, su nombre seguía siendo una presencia imborrable para Martín, para los tres hermanos y para la empresa.
Martín señaló a Félix con el dedo tembloroso, respirando agitadamente del coraje. Eva se acercó a sostenerlo.
—Papá, mi hermano está molesto porque Sabrina le quitó unos contratos hace poco, no se lo tome personal. No quiso atacarlo a usted.
Le hizo una seña a Federico para que sacara a Félix. Federico entendió y empujó a Félix fuera de la oficina. Una vez solos, Eva continuó:
—El crecimiento de Sabrina en estos seis meses ha sido brutal. Ahora está por encima de mi hermano y él tiene que verle la cara para tomar decisiones. Papá, usted sabe que mi hermano tiene ambición. Si en el futuro Sabrina toma el control, él jamás aceptará trabajar para ella. Podría desatarse una guerra interna en el Grupo Ramos.

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