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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1707

—A excepción de Eva, procesen a las demás según las viejas reglas.

De las personas que acababan en un lugar así, pocas eran inocentes, pero deshacerse de ellas seguía siendo una molestia considerable.

—Entonces... ¿y Eva? —preguntó el asistente.

A través de la máscara, una luz oscura cruzó la mirada profunda del señor Nox.

—Esa mujer es una papa caliente. Ahora mismo varias familias la están buscando por todo el mundo.

»No podemos matarla, o atraeremos su odio. Tampoco podemos soltarla así como así y hacerles el favor. Y mucho menos podemos dejarla aquí...

En todo el tiempo que llevaban en el Delta, nunca se habían topado con alguien tan complicado de manejar.

Finalmente, como si se le hubiera ocurrido algo, el hombre chasqueó los dedos.

—Envíala con los hermanos Delgado... Con su belleza, seguro que les llenará el ojo a ese par.

El asistente se sobresaltó.

Los Delgado eran famosos por ser unos enfermos. En un lugar como el Delta, donde la crueldad era moneda corriente, ellos rompían todos los límites.

Ese par de hermanos había crecido en este ambiente caótico; eran unos desalmados sin escrúpulos. Ahora que se habían convertido en capos de la zona, sus gustos sangrientos y retorcidos no habían hecho más que empeorar.

Lo que más les gustaba era jugar a «la bella y la bestia».

Se decía que en su patio trasero tenían encerradas a todo tipo de mujeres. Los dos hermanos habían dependido el uno del otro desde niños y juraron compartirlo todo, la riqueza y también las mujeres.

Que compartieran mujeres no era gran cosa en un sitio como este. Lo que realmente aterraba era su afición por las bestias.

***

En el hospital.

Ulises Hoyos, debido a un disparo, no podía vigilar personalmente cada movimiento de Sabrina Ibáñez. Sin embargo, aunque no podía estar allí, había ordenado a sus hombres que le enviaran todos los detalles de la agenda reciente de ella.

El informe era muy detallado, incluso tenía fotos.

Había imágenes de Sabrina y Sebastián Fonseca tomados de la mano, sonriéndose, y otras de él besándola en la frente al despedirse. No era difícil deducir que su relación había dado un salto cualitativo.

Ulises estaba casi seguro de que ya habían formalizado su relación.

Miraba los documentos sin expresión, arrugando las fotos con la fuerza de su agarre. Veía la actitud y la mirada de Sabrina hacia Sebastián, tan diferentes a como lo miraba a él; veía esa sonrisa suave dirigida a otro.

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