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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1749

Sabrina no le dio importancia y cerró los ojos para descansar la vista. Los últimos días no había dormido bien por culpa del asunto de Ulises.

La noche anterior había hablado con Sebastián, quien le dijo que tardaría uno o dos días más en volver. La habitación ya estaba casi lista; se preguntaba si le gustaría la sorpresa.

Mientras divagaba en sus pensamientos, el coche dio una sacudida y se detuvo de golpe.

Sabrina abrió los ojos.

—¿Qué pasó?

—Parece que se ponchó una llanta —dijo Roque—. Sabri, quédense en el coche con Dani, Vale y yo bajamos a revisar.

Sabrina asintió levemente.

Roque y Valerio bajaron a inspeccionar y confirmaron que el neumático estaba roto. Uno se quedó vigilando el vehículo y el otro fue a la cajuela por el repuesto.

En ese momento, un grupo de hombres vestidos de negro surgió de la nada con movimientos ágiles.

La expresión de Roque y Valerio cambió al instante; percibieron el peligro. Sin decir una palabra, sacaron sus armas.

Sin embargo, fueron demasiado lentos.

Dos disparos impactaron rápidamente en sus cuerpos. Ambos se desplomaron sin poder oponer resistencia.

¡Eran dardos tranquilizantes!

Dentro del coche, Daniela y Sabrina palidecieron al ver la escena. Sabrina se dio cuenta de que algo andaba muy mal y trató de hacer una llamada, pero otro grupo de hombres rodeó el auto. Antes de que pudiera marcar, le cubrieron la boca y la nariz con un pañuelo.

Sabrina perdió el conocimiento al instante.

Cuando Daniela, Valerio y Roque despertaron, ya había pasado una hora. Al descubrir que Sabrina había desaparecido y no podían contactarla, el pánico se apoderó de sus rostros.

Daniela no perdió tiempo y llamó de inmediato a Sebastián.

***

Sabrina despertó en una cama suave y desconocida. La decoración del lugar le resultaba familiar, pero extraña a la vez. Se parecía mucho a la habitación que había estado arreglando para ella y Sebastián.

El sonido rítmico de las olas llegaba a sus oídos.

Sabrina apretó las sábanas con fuerza.

—¿Me vas a tener prisionera?

Ulises la miró y su voz se tornó grave.

—Sabrina, alejarte de ese nido de problemas es lo mejor para ti. Si quieres quedarte con el control, te lo cedo ahora mismo. Sebastián no te conviene; su enfermedad es una bomba de tiempo entre ustedes. Tiene demasiados enemigos que harán lo imposible por matarlo. Si no encuentran cómo atacarlo directamente, irán por ti.

La miró profundamente a los ojos.

—En cuanto vean que funcionas como carnada, te usarán una y otra vez para ir contra él.

—Esas son puras excusas tuyas —dijo ella fríamente.

Ulises soltó una risa baja.

—Tienes razón, son solo excusas. La razón principal es que quiero que seas mía.

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