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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1806

Sabrina vio que Daniela, quien se suponía que se había ido el día anterior, también estaba allí.

Aunque la interpretación de Daniela fue regular, a Sabrina se le llenó el corazón de calidez.

Lo que más sorprendió a Sabrina fue ver a André tocando una pieza de piano en solitario, y a Gabriel Castillo haciendo un dúo de violín con Romeo.

Ver a dos grandes magnates, siempre ocupados con mil asuntos, tocando instrumentos en un escenario era una experiencia muy peculiar.

Para Sabrina, fue realmente una gran sorpresa.

Que Thiago hubiera logrado reunir a tanta gente en tan poco tiempo demostraba cuánto empeño había puesto.

Sabrina estaba conmovida.

Como no había muchos intérpretes, el pequeño concierto terminó en aproximadamente una hora.

Al finalizar, Sabrina tomó a Thiago de una mano y a Romeo de la otra, y siguió al grupo al restaurante que ya tenían reservado.

Thiago sacó un pequeño frasco y le dijo a Sabrina:

—Mamá, traje este vino de frutas especialmente desde Cartagena. Yo mismo lo preparé, tienes que probarlo.

Sabrina hacía mucho tiempo que no se sentía tan feliz y relajada.

Tomó el vino que Thiago le sirvió y sonrió.

—Está bien.

Dado que estaba rodeada de personas en las que confiaba, Sabrina se permitió un momento de indulgencia.

Aunque el grado de alcohol del vino de frutas no era alto, al beber varias copas, inevitablemente empezó a sentirse un poco mareada.

Thiago alzó la cabeza y preguntó:

—Mamá, ¿está rico el vino que hice?

Sabrina asintió suavemente.

—Está delicioso.

Bajó la mirada hacia su hijo y preguntó:

—Thiago, ¿cómo se te ocurrió esta idea?

Thiago parpadeó y puso cara de misterio.

—Ese es mi secretito, no se lo puedo decir a mamá.

Al ver esto, Sabrina no insistió.

Sebastián se limitó a observar la escena sin interrumpir.

Sabía que Sabrina había estado muy cansada últimamente, lidiando con el trabajo y acompañándolo en su tratamiento; hacía mucho que no se relajaba.

Esta vez, Thiago realmente le había dado la sorpresa que más necesitaba en el momento justo.

Sebastián no estuvo ocioso por mucho tiempo; pronto, Thiago y Romeo lo rodearon, insistiendo en que jugara a los dardos con ellos.

El lugar alquilado para el evento era un complejo que integraba ocio, entretenimiento, deportes y gastronomía; tenía todo tipo de instalaciones.

La sala de dardos estaba justo al lado y tenía ventanales de piso a techo que permitían ver hacia donde estaban las mujeres.

Sebastián solo dudó un instante antes de aceptar.

Sabía que Sabrina también necesitaba su espacio personal de vez en cuando.

No podía vigilarla tan de cerca todo el tiempo.

Sebastián avisó a Sabrina y se llevó a Thiago y a Romeo a jugar.

Sabrina se quedó platicando con sus amigas, mientras André y Gabriel, prudentemente, no se acercaron a incomodar.

Ambos hombres charlaban de cualquier cosa para pasar el rato.

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