—¿De verdad no hay otra opción además de la hipnosis? —preguntó Sabrina.
Camila suspiró suavemente.
—Para serte sincera, señorita Ibáñez, la razón por la que estudié medicina fue por Sebastián. En aquel entonces yo era joven y arrogante, destacaba en todo lo que me proponía. Por eso, estaba convencida de que podría curar a Sebastián. Incluso llegué a menospreciar los tratamientos que la familia Fonseca había usado por generaciones. Pero la realidad me demostró que todo el tiempo que dediqué a investigar fue en vano, y al final tuve que recurrir al protocolo médico tradicional de la familia Fonseca. La hipnosis ya es nuestra última línea de defensa. E incluso si tú y Sebastián acceden, no puedo garantizar que funcione. Una segunda sesión es mucho más complicada que la primera. Si Sebastián se resiste, las probabilidades de fracaso son altísimas. Por lo tanto, si te decides, tendrás que buscar a un especialista mucho más experto. La hipnosis siempre ha sido el método de la familia Fonseca. La terapia no hipnótica que Sebastián realizaba contigo fue mi propio plan de investigación, pero ya ha dejado de ser efectivo. Si no me crees, señorita Ibáñez, puedes preguntarle al doctor Arancibia, que está siempre con Sebastián. Él le es completamente leal y no te mentirá.
En el pasado, Camila jamás se habría molestado en dar tantas explicaciones. Para ella, quienes confiaban no necesitaban aclaraciones, y a los que no le creían, no valía la pena convencerlos. Pero Sebastián siempre había sido alguien especial en su corazón. No podía permitir que su propio orgullo y terquedad pusieran en riesgo la salud de él.
Sabrina se quedó en silencio, sin saber qué decir.
Camila sabía perfectamente que, debido a su cercanía con Sebastián y a los sentimientos que albergaba por él, era muy difícil que Sabrina confiara en ella así como así.
—Por ahora, puedes observar cómo evoluciona Sebastián —añadió Camila—. Si no estás de acuerdo con la hipnosis, no te obligaré. Al fin y al cabo, aunque tú aceptes, que Sebastián acceda dependerá del esfuerzo que pongas, señorita Ibáñez.
Dicho esto, Camila no intentó persuadirla más, simplemente se despidió y colgó la llamada.
Sabrina se quedó mirando su celular, con una extraña sensación de angustia en el pecho.
Al parecer, tendría que buscar la manera de averiguar a fondo los detalles sobre la enfermedad de Sebastián.
Sabrina seguía sin poder confiar plenamente en Camila, pero tampoco podía ir a interrogar al doctor Arancibia. Si buscaba al médico de Sebastián, él se enteraría de inmediato.
En ese caso...
Sabrina pensó en alguien.
Gabriel Castillo.
Con esa idea en mente, marcó su número.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...