Como la habían operado de las manos, Sabrina llevaba mucho tiempo sin cocinarle a Sebastián.
Sabrina lavó, picó y guisó todo con mucha agilidad.
Toda la casa se llenó de un olor riquísimo.
Al servir el último plato, checó la hora.
Sebastián no tardaba en llegar.
Apenas lo pensó, se escuchó la puerta abrirse.
Sebastián entró.
Al ver la mesa llena de comida, Sebastián no se sorprendió en lo absoluto. Al contrario, se acercó sonriendo y le echó un ojo a los platillos.
—Huele delicioso, ¿qué me preparaste hoy de rico, Sabrina?
Sebastián no era de los que arruinaban el momento.
Si él hubiera estado en la casa, por miedo a que las manos de ella no sanaran bien, jamás le habría permitido cocinar.
Pero ya que Sabrina lo había hecho, por su propio bien, no le iba a decir nada que le matara la ilusión y desperdiciara su esfuerzo.
Al ver que a Sebastián no le causaba ninguna sorpresa, Sabrina no aguantó la curiosidad:
—Sebas, ¿otra vez le preguntaste a los guardaespaldas en dónde andaba?
—No, lo vi por el GPS de tu anillo —respondió él.
Sabrina se quedó sin palabras ante su sinceridad.
¿No era exactamente lo mismo?
—Ya vi que en el futuro no podré prepararte ninguna sorpresa —murmuró Sabrina.
Sebastián se acercó a abrazarla.
—Para mí, con solo verte, todos los días son una sorpresa.
Sabrina no le dio más vueltas al asunto y le dijo:
—Mejor ya vamos a cenar antes de que se enfríe todo.
—De acuerdo.
Durante la cena, Sabrina no mencionó nada de la enfermedad y los dos disfrutaron mucho de la comida.
Cuando terminaron, ella le dijo a Sebastián:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...