Sebastián no lo negó.
—Gabriel, te lo advertí. Te dije que dejaras de ver a Sabrina y que no te metieras en nuestros asuntos, pero parece que ignoraste por completo mis advertencias. Esta vez solo fue un aviso. Si hay una próxima vez... vas a ver lo que de verdad significa caer bajo.
Los labios de Sebastián se curvaron en una sonrisa sin una pizca de calidez.
—Me gustaría ver qué te importa más: Romeo, o seguir de metiche.
Las pupilas de Gabriel se contrajeron de golpe. Miró a Sebastián con frialdad y habló arrastrando cada palabra.
—Típico de la familia Fonseca. Sebastián, ¿no te da miedo que Sabrina se entere de que te la pasas conspirando contra la gente que la rodea y nunca te lo perdone? El Sebas que a ella le gusta es ese chico alegre y brillante, el que la apoya y la comprende cuando lo necesita, el que solo busca lo mejor para ella. No el Sebastián que se la pasa haciendo trucos sucios a sus espaldas para ahuyentar a sus amigos.
Sebastián no pudo evitar soltar una carcajada.
—Básicamente me estás diciendo que a Sabrina le gusta mi lado de «niño bueno». Pero, ¿qué es ser bueno y qué es ser malo? Yo nunca he sido un santo. Si fuera buena persona, no habría ayudado a Araceli solo para divertirme un rato. Si fuera buena persona, no habría matado a tanta gente así como si nada. Según los estándares morales del señor Castillo, yo no soy juez, no tengo derecho a juzgarlos, y sin importar si son buenos o malos, no me corresponde ensuciarme las manos. Pero simplemente no soporto ver que molesten a Sabrina. Mi objetivo nunca ha sido hacer justicia ni castigar al mal. No me importa si son la peor escoria del mundo o unos santos; si se interponen en el camino de Sabrina, los voy a eliminar sin dudarlo. No soy ningún paladín de la justicia, me importa un bledo el bien o el mal. Siempre voy a defender a los míos, no a la equidad o la justicia. Si alguna vez pensaste que yo era buen tipo, entonces nunca me conociste. Si el señor Castillo quiere jugar a ser el héroe, no se lo voy a impedir. Pero si te cruzas en mi camino, no me culpes por no tener piedad.
La mirada de Sebastián se volvió aún más oscura y pesada.
—Gabriel, esta es tu última oportunidad.
Gabriel observó a Sebastián y, tras un momento, respondió:
—Muy bien. Si tú mismo te estás cavando tu propia tumba, no tengo nada más que decir.
Durante el resto de la espera, ninguno de los dos cruzó palabra.
Unos diez minutos después, Romeo y Sabrina bajaron las escaleras platicando y riendo. Sabrina traía en la mano el regalo de Romeo.
Al llegar a la planta baja, Sabrina notó que el ambiente entre Gabriel y Sebastián estaba un poco tenso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...