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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1922

Por alguna razón, a Sabrina le pareció que Sebastián actuaba muy raro.

—Sebas —lo llamó en voz baja.

Él parpadeó levemente y caminó despacio hacia ella. Le puso la chamarra sobre los hombros.

—Hace frío, no te vayas a enfermar.

Esa presencia intimidante desapareció de golpe, como si todo hubiera sido producto de su imaginación.

Sabrina volteó a ver a Roque.

—Ya vete a descansar. Mañana pasas por mí temprano.

Al día siguiente tenía otro contrato que firmar y ya habían acordado la hora.

Roque asintió, se despidió de Sebastián y se subió al coche para irse. Sebastián se quedó viendo cómo el vehículo se alejaba, con una mirada inescrutable.

***

Al día siguiente, Sabrina se levantó temprano y revisó uno por uno los documentos que necesitaba para la firma. Tras confirmar que no faltaba nada, se sentó a esperar a Roque.

Roque era un guardaespaldas muy astuto y atento. Como asistente también era excelente; nunca metía la pata. Siempre llegaba cuarenta minutos antes a la casa de Sabrina para esperarla. Jamás llegaba tarde.

Sin embargo, ese día no solo no llegó temprano, sino que dio la hora acordada y ni sus luces.

«¿Le habrá pasado algo?», pensó. Preocupada, marcó su número. Nadie contestó.

Intentó un par de veces más, pero la mandaba a buzón. Sabrina frunció el ceño y le llamó a Valerio.

—Valerio, ¿ya salió Roque de allá?

—Salió tempranísimo —respondió él—. ¿Por qué? ¿A poco no llega?

—No. Le he estado marcando y no contesta. Ya me preocupé, no vaya a ser que le haya pasado algo.

—Ahorita mismo checo por dónde anda, señorita Ibáñez —dijo Valerio de inmediato—. ¿Quiere que le mande a otro chofer?

Sabrina miró la hora.

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