Sabrina dejó la ropa en una de las habitaciones de huéspedes y le dijo a Sebastián:
—La ropa ya llegó, puedes pasar a cambiarte cuando termines de comer.
Sebastián respondió educadamente:
—Muchas gracias.
Aproximadamente diez minutos después, Sebastián terminó la sopa.
No escatimó en sus elogios.
—Tiene buena sazón, señorita Ibáñez, esta sopa quedó deliciosa.
—Me halaga, señor Fonseca, es solo una sopa sencilla —respondió Sabrina.
—A veces, los ingredientes más simples son los que más ponen a prueba la habilidad de quien cocina —señaló Sebastián.
Sabrina sonrió.
—Me alegra que le haya gustado.
Sabrina no se atrevió a ser más cortés con Sebastián.
Conociendo su forma de ser, era muy probable que un día de estos tuviera antojo y realmente apareciera en su puerta de la nada.
Sebastián fue a la habitación de huéspedes para cambiarse.
Al poco tiempo, salió ya arreglado.
La ropa nueva que llevaba era del mismo estilo que la que usó ese día: una camisa blanca y unos pantalones negros de vestir.
Y la talla le quedaba perfecta.
Entre la comida y el cambio de ropa, el cielo afuera ya empezaba a oscurecer.
Sebastián no parecía tener intenciones de quedarse mucho más tiempo. Miró el reloj y le dijo a Sabrina:
—Ya se hace tarde, me retiro por hoy. Lamento la molestia, señorita Ibáñez.
Sabrina se levantó.
—No hay cuidado, más bien gracias por lo que hizo esta tarde.
Al recordar el auto de Sebastián, Sabrina preguntó con cierta resignación:
—La pintura de ese auto... ¿se arruinó de nuevo?
—Es muy probable —respondió Sebastián.
—¿Le queda algo de esa misma pintura? —indagó Sabrina.
Sebastián la miró fijamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...