Aunque Ulises había sido dado de alta hacía dos días, no había pisado la cafetería hasta ese momento. Solo había ido porque había quedado en verse allí con Sabrina.
—No tengo idea —respondió él con indiferencia.
En ese instante, los empleados del local notaron la presencia de la mujer y corrieron a saludarla con una gran sonrisa.
—¡Señorita Linares, qué gusto verla de nuevo! ¿Lo de siempre?
La mujer se inclinó para tomar a uno de los gatos en brazos y asintió con una sonrisa encantadora.
—Sí, lo de siempre. Abran una lata de comida para cada uno de los pequeños.
Cuando la mujer giró el rostro, Sabrina por fin pudo verla con claridad.
Era una joven de belleza vibrante y expresiva. Tenía un aura fresca, llena de vida. Su piel era radiante y suave como la porcelana, y sus ojos eran claros, brillantes como dos estrellas que irradiaban luz y energía con cada parpadeo. Era la viva imagen de la juventud y el carisma.
Una melena oscura y larga hasta la cintura se movía con gracia acompañando cada uno de sus pasos.
Era indudablemente hermosa, pero lo que más cautivaba de ella no eran sus facciones, sino esa esencia pura y enérgica, tan típica de una chica que no ha sido corrompida por el mundo. Era imposible no mirarla.
Daba la impresión de ser la clásica imagen del primer amor inolvidable de la preparatoria.
Ulises apenas le dedicó una mirada de reojo antes de apartar la vista con total frialdad.
Mientras acariciaba al gatito atigrado que también empezaba a antojarse de la comida, caminó hacia un estante privado y sacó una lata gourmet diseñada exclusivamente para su mascota.
El nivel de mimo que Ulises le daba a ese gato rozaba lo absurdo; siempre se aseguraba de darle lo mejor y más exclusivo del mercado.
Y el gatito, a pesar de estar tan consentido, era sorprendentemente dócil y obediente. Jamás se portaba como un animal malcriado.
Aunque en la cafetería había muchísimos gatos, el favoritismo de Ulises hacia el suyo era descarado. Incluso la comida que le daba era distinta a la del resto.
La joven, que estaba jugando con los demás felinos a unos pasos de distancia, notó que Ulises sacaba una lata diferente. Con curiosidad, se dirigió a uno de los empleados.
—¿Eh? ¿Tienen otros sabores de latas? Por favor, ábranles de esas también a los gatitos.
Los empleados se apresuraron a explicarle la situación, un poco nerviosos.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...