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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 240

—Sabrina, ni te preocupes por mí. Aunque no estés aquí, le voy a dar una buena lección. ¿Le gusta hacerse la enferma? Pues ahora va a ver cómo la trato.

Hernán era reconocido por su sentido de justicia y su intolerancia ante las injusticias. A lo largo de su vida, lo que más aborrecía eran personas como Araceli que simulaban enfermedades para manipular a otros. Al principio, él también había sospechado que Sabrina fingía y la había sometido a pruebas difíciles.

Sabrina comprendía perfectamente el carácter del anciano, así que no insistió más en el tema.

Como si súbitamente recordara algo importante, Hernán inquirió:

—Por cierto, dijiste que querías divorciarte de André. ¿En serio piensas hacerlo o solo lo estás asustando?

La voz de Sabrina tembló ligeramente al responder.

—¿Hasta tú crees que no hablo en serio sobre el divorcio?

Antes no entendía por qué Araceli, al enterarse sobre su divorcio, en lugar de alegrarse lo había impedido. Ahora finalmente comprendía la razón: simplemente ninguno creía que ella fuera capaz de divorciarse.

—Tienen un hijo, es normal que pienses en él —respondió Hernán con brusquedad—. Además, la familia Carvalho no es un mal lugar y André tiene sus cualidades. Es lógico que te cueste dejarlo. Si de verdad pudieras abandonarlo, cuando te trató así, no habrías aguantado hasta ahora.

Sabrina permaneció callada.

Tras un prolongado silencio, finalmente confesó:

—Esta vez va en serio. Ya metí la demanda en el tribunal. Cuando acabe el feriado y reciba la llamada, va a entender que realmente quiero divorciarme.

Hernán la observó con mayor atención.

—¿Y tu hijo? —preguntó.

—No lo quiero —respondió Sabrina con expresión distante—. Le cae muy bien Araceli, igual que a su papá. Si ella se vuelve su nueva mamá, estoy segura que Thiago va a estar feliz.

Aunque la mayoría de las personas suele desaconsejar el divorcio, Hernán tenía una visión diferente. Despreciaba profundamente a las mujeres indecisas.

Asintió con evidente satisfacción.

—Con eso me queda claro que no me equivoqué contigo. Hay que ser decidido, muy bien.

—Pero no podemos dejar que se salgan con la suya después de todo lo que te hicieron pasar. Tenemos que responderles igual para que no piensen que somos fáciles de manipular.

Hernán miró a Sabrina con determinación brillando en sus ojos.

Romeo incluso sirvió un poco más de comida en el plato de Sabrina.

—Señorita Sabrina, este platillo está delicioso, sírvase un poco más.

Sabrina respondió con una sonrisa amable.

—Gracias, tú también come más.

Romeo demostró una actitud entusiasta.

—Sí, quiero llenarme bien, porque en la tarde voy a seguir ayudando a Hernán con las hierbas.

Araceli, notando que nadie le prestaba atención, mordió su labio con frustración evidente.

Se aproximó a ellos con expresión lastimera.

—Yo... mi dedo está lastimado, me duele mucho.

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