El carro arrancó y, apenas avanzaron unos metros, André le preguntó a Sabrina:
—¿Vamos a casa o prefieres que te lleve al estudio?
—Al estudio —respondió Sabrina, sin dudar.
André asintió, girando el volante para tomar la ruta correcta.
Por el retrovisor, la observó un instante antes de hablar de nuevo.
—Te noto de malas, ¿te pasa algo?
Sabrina contestó con una indiferencia cortante, casi sarcástica.
—Eso no te incumbe. Mejor preocúpate por la salud de Araceli. Si le da un ataque antes de su concierto, todo lo que has hecho por ella va a quedar en nada.
André captó perfectamente el tono burlón en sus palabras.
Mirando al frente, respondió con calma:
—Ayer le pedí a alguien que le hiciera otro chequeo completo a Araceli.
Sabrina giró la cabeza para mirarlo.
—¿Y? ¿Empeoró o mejoró?
André guardó silencio unos segundos antes de responder.
—El medicamento de Hernán Castaño sí le ha funcionado.
Sabrina dibujó una sonrisa desdeñosa.
—Entonces supongo que mejoró.
—Araceli se hace chequeos cada semana. Al principio ni siquiera creía que tuviera una enfermedad tan grave. Incluso busqué a médicos y equipos especializados para que la revisaran, pero todos llegaron a la misma conclusión —explicó André.
Sabrina entendió el mensaje oculto.
—¿O sea que piensas que Hernán me ayudó mintiéndote?
—No es eso —replicó André.
Sabrina soltó una risa cargada de ironía y ya no dijo más.
Sabía que no podía despertar a alguien que fingía dormir. Aunque le lanzara la verdad a la cara, él siempre encontraría una excusa para proteger a Araceli.
El silencio llenó el interior del carro.
Thiago, sentado atrás, miraba a Sabrina y luego a André, como si quisiera decir algo, pero no se atrevía.
Unos minutos después, la voz grave de André rompió la tensión.
—Sea que esté enferma de verdad o no, cuando termine el concierto, le voy a saldar todo lo que le debo.
Sabrina ni se inmutó. Ni una palabra salió de sus labios.
El carro siguió en dirección al estudio de Sabrina.
Con voz entrecortada y temblorosa, murmuró:
—Mamá...
Sabrina desvió la mirada, evitando verlo.
Entonces André intervino:
—Thiago, si tu mamá está ocupada, lo mejor es que esperes a que termine el concierto y ya después vas con ella, ¿sí? Sabrina, ¿te parece?
Thiago lo miró con esperanza renovada, los ojos brillando de nuevo, como si esa pequeña posibilidad le devolviera el ánimo.
Sabrina, al cruzar la mirada con su hijo, vaciló unos segundos. Al final, asintió con suavidad.
Los ojos de Thiago recuperaron el brillo y su tristeza desapareció.
André estacionó el carro frente al nuevo estudio de Sabrina.
A ella no le sorprendió que él supiera la dirección. Araceli y Fabián la vigilaban constantemente. Si su estudio resultaba mejor que el anterior, seguro intentarían quitárselo.
Sabrina abrió la puerta.
—Me voy.
Justo antes de cerrar, se detuvo, como recordando algo, y le habló a André:
—André, quiero que prestes más atención a la seguridad de Thiago.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...