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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 596

—¿Cita a ciegas? ¿No que ibas a ir a la familia Ramos a pedir la mano? —preguntó Nicolás, incrédulo.

Fidel soltó una risa seca.

—El abuelo dice que la familia Ramos no ha aceptado nada, ni tampoco han pactado ningún compromiso con nosotros, así que eso no cuenta.

A Nicolás se le vino algo a la cabeza y no pudo evitar soltar el comentario.

—Ni me digas, últimamente el abuelo anda raro, como si ya no pensara con claridad.

—¿Por qué lo dices? —Fidel lo miró con curiosidad.

—Es que, en todos esos años que estuvo de médico fuera, conoció a una mujer que lo tiene completamente embobado. Yo junto con Julio Castaño pensamos que, si esa mujer podía hacerlo feliz, aunque solo se le acercara por interés, no habría problema con darle un par de beneficios.

Nicolás hizo una pausa, bajó la voz y soltó:

—Pero nunca imaginé que esa mujer fuera la hija perdida de la familia Ramos.

Los ojos de Fidel destellaron con sorpresa.

—¿La misma que representa una amenaza para la posición de Eva, y que podría manchar su reputación?

Nicolás asintió.

—Sí, ella se llamaba Sabrina, pero luego le cambiaron el nombre a Aurora Ramos. Hace años, con un pequeño truco, logré sacarla de la familia Ramos. Y mira, después de tanto tiempo, vuelve a aparecer.

Titubeó un momento antes de seguir.

—Ahora, gracias a su encanto, el abuelo la tiene en un pedestal, al grado que ni como su nieto me tiene tanto aprecio como a ella. Me da miedo que quiera vengarse y termine desquitándose con Eva.

Fidel replicó con voz cortante:

—No se va a atrever. Y aunque quisiera, no pienso dejar que le haga daño.

A Nicolás le pareció necesario aclarar varias cosas, no fuera que Fidel la subestimara y terminara saliendo perjudicado como él la última vez.

—Mira, tío, Sabrina no es tan sencilla como parece. El señor Ramos, por los viejos tiempos, quiere traerla de vuelta a la familia. El abuelo, para protegerla, hasta se animó a organizar una fiesta pública, cosa que nunca haría normalmente.

Dudó un segundo antes de añadir:

Nicolás carraspeó, incómodo.

—…Digamos que sí, me llevé un par de sustos.

Fidel no perdió el hilo.

—¿Eva sabe que trataste de meterte con Sabrina?

—No, para nada —contestó Nicolás enseguida—. Eso nunca se lo conté.

Fidel asintió con tranquilidad.

—Entonces que siga así. Que nunca se entere.

—Lo tengo claro —aseguró Nicolás, bajando la cabeza.

En los ojos de Fidel brillaba una intención difícil de descifrar, casi como si estuviera tramando algo.

—Sabrina… Qué coincidencia. Justo ella es la que el abuelo me quiere presentar en la cita a ciegas. Una mujer que ya estuvo casada y tiene un hijo, ¿qué tendrá de especial para que el abuelo la prefiera tanto? Definitivamente tengo que buscar un momento para conocerla cara a cara.

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