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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 630

Además, en ese mismo carro iban la señorita Hoyos y Eva.

Gabriel analizaba la situación con la cabeza fría, sopesando pros y contras.

—Con lo mucho que los Ramos consienten a Eva, y lo mal que te ven a ti, va a ser difícil que te libres de las sospechas.

Hizo una pausa, grave.

—Y hay algo más...

Miró a Sabrina, su mirada se volvía más profunda.

—Aunque Fidel fue el primero en chocarte, él puede decir que perdió el control del carro. Pero cuando lograste zafarte de ellos, en vez de huir, escogiste chocar de nuevo. Van a usar eso en tu contra.

—Sabrina, tienes que estar preparada. Fidel... no es fácil de tratar.

La familia Castaño era un monstruo empresarial; sus hijos, una legión. Fidel había logrado convertirse en el nuevo jefe de los Castaño, y eso no era poca cosa.

Incluso para Gabriel, enfrentarse a Fidel no era ninguna ganga.

Sabrina sonrió confiada.

—Lo sé, pero no te preocupes. Ya se me ocurrió cómo lidiar con Fidel.

Gabriel estuvo a punto de preguntarle cuál era ese plan cuando de pronto, la puerta del cuarto de hospital volvió a sonar.

André entró con una bolsa en la mano, trayendo la cena.

Al ver a Gabriel, el gesto de André se ensombreció.

—Gabriel, ¿qué haces aquí?

Gabriel, que ya sabía que Sabrina estaba en el hospital, también tenía claro que André andaba por ahí.

Con una sonrisa perezosa, Gabriel respondió:

—Vengo a ver a Sabrina. Tenía algo para entregarle.

Sacó su celular y lo alzó.

—Sabrina, ¿te acuerdas de aquella vez que Araceli te empujó al agua y que la grabación del celular desapareció?

La cámara captaba todo desde arriba, pero la imagen era tan nítida que incluso se reconocían las expresiones faciales de quienes aparecían. El sonido, igual de claro, permitía escuchar cada palabra.

Araceli, convencida de que no había cámaras cerca, se había atrevido a provocar a Sabrina sin pelos en la lengua.

En el video, todo quedaba al descubierto.

[Sobre el accidente, André me creyó. Luego, cuando supo la verdad, no me culpó ni me exigió nada. Sabrina, eres igual que esa pianista de hace rato: si quiero, André te deja a un lado en cualquier momento].

[Además, ya me mudé a tu nuevo estudio… ¿ves? Todo lo que me gusta, André busca la manera de regalármelo. Incluso a tu invitado especial].

La cara de Araceli, llena de soberbia, se veía clarísima en el video.

André, al presenciar esa escena, apretó los labios. Sus ojos reflejaban una mezcla de enojo y decepción.

Después, Araceli sujetaba la muñeca de Sabrina, esbozando una sonrisa torcida. Sus ojos, desafiantes y llenos de arrogancia.

[¿No me crees? No importa lo que haga, André nunca me va a culpar. Incluso… aunque te haga desaparecer].

El video terminaba justo ahí.

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