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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 679

En ese momento, Hache se quitó la chaqueta y se la puso sobre la cabeza a Thiago, mientras él mismo terminaba empapado de pies a cabeza.

Aunque Thiago también había recibido algo de lluvia, Sebastián lo había cubierto bien, así que no estaba tan desarreglado.

Sabrina corrió apresurada hacia Thiago.

—Thiago, ¿estás bien?

Thiago negó con la cabeza.

—Mamá, estoy bien. El señor Sebastián me prestó su chaqueta, así que no me pasó nada grave.

Sabrina lo miró con una mezcla de alivio y preocupación.

—Hache, gracias.

Hache se pasó la manga por la cara, quitándose el agua de cualquier manera y soltó una sonrisa despreocupada.

—Soy el asistente de la señorita Carvalho. Cuidar al hijo de la señorita también es parte de mi trabajo.

Fue entonces que Sabrina recordó que, poco después de volver a la zona de descanso, Hache había desaparecido sin avisar.

Ella había pensado que quizá Hache había visto algún deporte interesante y se había ido a curiosear.

Sabrina volvió a mirar a Thiago, ahora con el gesto más serio.

—Thiago, ¿por qué otra vez saliste solo? ¿Sabes cuánta gente se preocupa por tu seguridad?

Al ver que Sabrina regañaba a Thiago, Araceli hizo lo que solía hacer antes: se metió en medio para intentar calmar los ánimos.

—Señorita Ibáñez, Thiago todavía es pequeño, no sea tan dura con él, él…

Sin embargo, Sabrina la interrumpió de inmediato, con un tono cortante.

—Yo educo a mi hijo como yo crea conveniente. ¿A ti quién te dio vela en este entierro? Aquí nadie te pidió tu opinión.

Araceli se quedó helada unos segundos, pero por dentro sentía una alegría casi desbordante.

¡Había tanta gente presente y Sabrina la trataba así de mal! Ahora sí todos iban a ver que Sabrina la maltrataba sin razón.

Seguro que todos se pondrían de su lado.

Apenas se le pusieron los ojos rojos y puso cara de víctima.

Sin embargo, el ambiente se llenó de una extraña tensión.

En otras ocasiones, André habría salido tras ella, preocupado por su salud, impidiéndole marcharse.

Pero hoy, André se quedó en el mismo sitio, sin decir ni hacer nada, ni siquiera intentó detenerla.

Araceli miró de reojo a Sebastián, pero él tampoco le prestó atención; estaba concentrado en secarse la cara con una toalla.

A Araceli se le heló el corazón y, de paso, empezó a inquietarse.

¿Qué estaba pasando?

¿En qué momento todo se torció?

Frente a la cortina de lluvia, Araceli se sintió atrapada, sin saber si avanzar o retroceder.

Pero ella siempre había sabido cómo sacar provecho cuando la situación la lastimaba. Se mordió el labio, dispuesta a lanzarse bajo la lluvia en cualquier momento.

Justo entonces, la voz de Sabrina la detuvo.

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