Sebastián extendió el ramo de flores que llevaba en la mano hacia Sabrina.
—Señorita Ibáñez, felicidades por ganar la competencia.
Sabrina miró las flores que Sebastián le ofrecía.
Eran flores de nube, justo sus favoritas.
Seguro fue Daniela quien le pidió que las comprara, pensó.
Con una sonrisa, las recibió.
—Gracias.
En ese instante, unos pasos apresurados resonaron en el pasillo. André apareció, y lo primero que vio fue a Sabrina aceptando las flores de Sebastián mientras sonreía.
Esa sonrisa suya, tan luminosa y sincera, contrastaba por completo con la indiferencia que le mostraba a él.
Sebastián, notando la presencia de André, giró la cabeza hacia él.
La mirada de Sebastián se posó en la rosa que André sostenía.
Alzó las cejas con picardía.
—¿Acaso el señor Carvalho también vino a traerle flores a la señorita Ibáñez?
André, con el semblante serio y distante, respondió cortante:
—Eso no te incumbe.
Sebastián dejó escapar una pequeña risa.
—Solo quiero darte un consejo, señor Carvalho. Si vas a regalar flores, al menos asegúrate de que sean las que le gustan. No a todas las mujeres les fascinan las rosas, ¿sabes? A la señorita Ibáñez le encantan las flores de nube.
André, sorprendido, dirigió la mirada instintivamente hacia Sabrina.
Ella estaba absorta, jugando con las flores en sus manos. La alegría en su rostro no podía fingirse.
Una sombra oscura cruzó los ojos de André. Su voz, cuando habló, salió áspera, como si le costara pronunciar cada palabra.
—Sabrina, yo…
Pero Sabrina ni siquiera lo miró. Levantó el rostro hacia Sebastián y dijo:
—Ya es tarde, ¿nos vamos?
Sebastián tomó el estuche del violín que Sabrina le ofrecía.
—Claro. La señorita Blasco ya reservó en el restaurante. Vamos de una vez.
Sabrina asintió y se dispuso a marcharse.
Araceli quedó pasmada, sin poder creerlo.
¿André acababa de rechazar llevarla de regreso?
En ese momento, se escucharon pasos de nuevo.
Elwood apareció junto con varios de sus alumnos, ayudando a Malcolm, quien tenía la expresión desencajada y el orgullo por los suelos.
Ese día, Malcolm había quedado en ridículo.
A pesar de ser alumno de Elwood y un verdadero prodigio del violín, su carácter antipático y su actitud de no dejar nunca espacio para los demás le habían ganado muchos enemigos.
Ahora estaba pagando las consecuencias. Más de uno celebraba su caída, y no faltaba quien deseara verlo todavía más humillado.
Algunos, sin siquiera disimular, subieron el video de Malcolm imitando el ladrido de un perro a Twitter, lo mencionaron y escribieron un comentario.
[Ya vete del gremio.]
Otros músicos a quienes Malcolm había fastidiado, aunque no podían hacer mucho contra él, aprovecharon para llamarlo o mandarle mensajes.
[¿De verdad eras tú el del video? Qué pena, hermano.]
Usando un tono de burla, fingían compasión y lástima, solo para echarle más sal a la herida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...