Sabrina regresó a la habitación del hospital y le preguntó a Hache:
—Hache, ¿qué te provoca almorzar? Yo te lo traigo.
El hombre, con esa mirada profunda y oscura, la observó en silencio.
—¿Vas a exponer a Araceli?
Sabrina no se anduvo con rodeos.
—Sí.
Sebastián preguntó:
—¿Es por mí?
Sabrina contestó con honestidad:
—La verdad, sí tiene que ver contigo, pero no es solo por eso. Tú solo fuiste el detonante.
Sebastián insistió:
—Pero si esto no hubiera pasado, ustedes no pensarían en exponer a Araceli justo ahora, ¿o sí?
Sabrina no lo negó, le sonrió mientras respondía:
—Cierto, pero igual no iba a pasar de este mes, la diferencia es mínima. Al menos así, sus fans van a ver quién es en realidad y tal vez hasta se ahorren el dinero de sus boletos.
Sebastián bajó la cabeza. Sus pestañas largas le cubrieron los ojos por un momento.
—Entonces sí tiene que ver conmigo.
Sabrina creyó que él estaba sintiéndose mal y quiso tranquilizarlo:
—Mira, no tienes por qué cargar con la culpa. Eres parte de mi gente. Si a la gente que me rodea cualquiera puede venir a pisotearla y ni siquiera puedo defenderlos, entonces cualquiera podría hacer lo que quiera con nosotros, ¿no crees?
—Hache, de verdad, no le des más vueltas. Si hoy la cosa fuera al revés y le hubiera pasado a Carolina, sería igual.
Sebastián ignoró esa última frase y murmuró, sin mostrar lo que pensaba:
—Está bien.
Sabrina pensó que él ya lo había entendido y decidió no insistir.
—¿Entonces qué te gustaría comer? Yo voy y lo compro.
Sebastián mencionó un par de platos sin pensar mucho.
Lo curioso era que el restaurante que Sebastián dijo quedaba lejísimos del hospital, en total casi dos horas entre ida y vuelta en carro.
—Sobre todo… ¡las pruebas de que Araceli estaba fingiendo estar enferma!
Eso era lo más difícil. Fingir una enfermedad era la clave de todo, lo que le había ganado la simpatía y el favoritismo de mucha gente.
No solo había engañado a André y a los demás, sino que también había jugado con los sentimientos de sus fans.
Si lograban sacar pruebas de esto, Araceli se iba a caer de la nube en la que estaba.
El problema era que Araceli era demasiado cuidadosa, no dejaba cabos sueltos.
Ni Sabrina, ni Daniela, ni Marcelo, ni Gabriel habían conseguido una sola prueba contundente.
Solo Hernán, al revisarla, se había dado cuenta de que Araceli estaba fingiendo, pero cuando se lo dijo a André, este no le creyó. Pensó que solo estaba del lado de Sabrina y lo decía para apoyarla.
Hasta ese momento, ni Sabrina ni Daniela habían podido agarrar a Araceli en nada.
La voz de Daniela volvió a escucharse, aún más emocionada:
—¡Sabrina, acabé de recibir un correo anónimo! Justo ahorita. Venía cargado de información sucia sobre Araceli.
—¡Y hasta hay pruebas de que fingió estar enferma!
—No sé quién fue el alma caritativa que nos lo mandó, porque si no, por mucho que sacáramos a la luz, igual Araceli se las iba a arreglar para salir bien librada. Pero esto… con esto sí la podemos tumbar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...