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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 850

Él todavía no había caído tan bajo.

Sin embargo, si Sabrina entraba a la empresa y conseguía el apoyo de esos viejos aliados...

Quién sabe lo que podría pasar…

La voz de Sabrina interrumpió sus pensamientos.

—No hace falta. Ya que volví a la familia Ramos, también soy parte de ella. Este riesgo, lo puedo asumir.

Federico no esperaba que Sabrina fuera tan terca.

—Sabrina, lo hago por tu bien. Además, esas acciones tuyas, tampoco las queremos gratis.

Mientras sea un intercambio justo, las acciones originales y las comunes no tienen ninguna diferencia.

Sabrina esbozó una sonrisa tranquila.

—Si no hay ninguna diferencia, ¿por qué necesitas hacer el cambio? Si las acciones originales no te gustan, yo podría comprártelas.

Federico la miró, incrédulo, y soltó una carcajada cargada de desdén.

—¿Tú quieres comprarme mis acciones? ¿Tú crees que puedes hacerlo?

Sabrina no se inmutó ante el desprecio de Federico.

Su ánimo permanecía sereno, como si nada la moviera.

—Tranquilo, hermano. Entre familia las cuentas claras. No te voy a quedar a deber ni un peso, te lo garantizo: pago en mano, acciones en mano.

Federico estaba por responder, pero de pronto pensó que, si de verdad quisiera vender, Sabrina sí podría comprarlas.

Tenía a Gabriel, a Hernán Castaño, y en poco tiempo también a Marcelo Blanco, que pronto volvería a la familia Blanco, ayudándola.

Y además estaba André, que seguía sintiéndose en deuda con ella…

Sus conexiones ya no eran cosa menor.

Federico se dio cuenta, de golpe, que la joven que tenía enfrente ya no era la misma que llegó hace años a la familia Ramos: sola, sin apoyo, cuidándose de todo y de todos.

En ese momento, Martín entró al quite con una sonrisa conciliadora.

—Bueno, bueno, estos temas los vemos después. Lo importante es que Sabrina está dispuesta a volver a la familia Ramos.

Parecía que no le preocupaban las acciones originales que tenía Sabrina, su único interés era que su hija regresara a casa.

Federico entendió lo que Martín quería decir.

Mientras Sabrina regresara a la familia Ramos, esas acciones originales pasarían a ser un asunto interno de la familia.

Una vez que cerraran la puerta, ni Hernán ni los demás podrían meterse en los asuntos de la casa.

Una mujer, que no sabía mucho de negocios y tenía en sus manos esas acciones tan importantes, era como un niño sosteniendo una montaña de oro.

Rocío, la amiga de Eva, era igual de exigente y orgullosa que Eva.

¿Y aun así se llevaba tan bien con Hache?

Sabrina le echó un vistazo a Hache, pensativa.

—Hache, ya es hora de irnos.

Hache se levantó. Su actitud, mucho más cordial que antes, transmitía una calidez inesperada.

—Hasta la próxima, señorita Hoyos.

Rocío le despidió con una sonrisa.

Al salir de la casa Ramos, Sabrina notó que Hache parecía de mejor humor que de costumbre.

Sus labios dibujaban una ligera curva y sus ojos oscuros brillaban con energía.

Sabrina no pudo evitar preguntar:

—¿Te pasó algo bueno?

Por un segundo, la mirada de él se volvió aún más profunda, como un pozo oscuro que no tiene fin.

—Sí. Descubrí algo… bastante interesante.

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