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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 853

Rocío ni siquiera parpadeó después de escuchar la propuesta.

—No hay problema.

Para la familia Hoyos, liberar a una pequeña Araceli era pan comido.

Por fin, Araceli se mostró satisfecha.

—¿Qué quieres saber?

...

Media hora después, Rocío salió de la cárcel con una sonrisa de satisfacción.

Antes de irse, se acercó a Araceli y le susurró:

—Pasado mañana, alguien de mi gente vendrá por ti. Prepárate para salir de aquí.

Araceli le devolvió una sonrisa tranquila.

—Gracias, señorita Hoyos. Si en algún momento tiene otra duda, no dude en venir a preguntarme.

Cuando Rocío salió, Araceli la miró alejarse y en sus labios apareció una mueca siniestra.

¿No recordaba los detalles exactos de aquel día?

Eso le facilitaba las cosas.

Aunque Rocío fuera en realidad la persona que Sebastián buscaba, ella todavía tenía formas para hacerle creer lo contrario.

Si lograba que Sebastián dudara, que pensara que Rocío solo era una impostora, entonces Araceli podría ganarse de nuevo su confianza.

Claro, mentir también requería cierta destreza. No podía dejar cabos sueltos que Rocío pudiera detectar con facilidad.

...

Al salir de la prisión, Eva le dio una advertencia a Rocío.

—Oye, Rocío, no puedes confiar del todo en lo que dice Araceli.

Rocío asintió despacio.

—No te preocupes, sé lo que hago. Puede que mienta, pero se atreverá solo en detalles poco importantes.

Eva aprovechó para preguntar:

—Por cierto, ¿por qué no le preguntaste directamente qué clase de persona es Hache?

Rocío sonrió.

—Si lo descubriera tan rápido, no tendría gracia. Prefiero averiguarlo por mi cuenta.

Eva soltó una risita.

—Sigues igual de traviesa.

Rocío recordó algo y cambió el tema.

Sabrina sentía cómo el cansancio se le colgaba de los hombros.

Hache le sugirió:

—¿Por qué no vamos un rato al jardín trasero a descansar?

Mientras Sabrina estuviera en el salón principal, la gente seguiría acercándose a hablarle, y ella no podía ser grosera rechazándolos.

La invitación de Hache le pareció perfecta.

—Me parece buena idea.

El jardín trasero tenía un ambiente sereno.

Las plantas estaban tan bien podadas que daba gusto verlas, y el diseño superaba al de cualquier parque común.

Una brisa suave recorría el lugar, trayendo consigo un aroma floral tan intenso que parecía transportar a quien lo olía a un reino de flores, como si todo alrededor fuera un mar perfumado.

Sabrina, con solo mirar alrededor, notó que allí crecían muchas plantas y flores poco comunes.

Algunas de ellas las había visto en la casa de Marcelo.

Marcelo era de esos que disfrutaban quedarse en casa, y una de sus grandes pasiones era coleccionar plantas raras.

Hache, que notó su interés, le preguntó:

—¿Te gustan estas plantas?

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